domingo, 20 de agosto de 2017

Imagina...



Imagina que llevas ahorrando un año para poder visitar Barcelona con la ilusión de enseñarle a tu hijo pequeño la ciudad donde juega su ídolo, Leonel Messi.

Imagina que la última tarde la reservas para comprar los recuerdos para la familia y dar el último paseo por Las Ramblas; a saber cuándo podrás regresar.

Imagina el bullicio, la alegría, los colores de la vida envolviendo al tiempo y al júbilo hasta que unos cuantos asesinos deciden jugar a ser Dios y empotran su fanatismo sobre un acerado de cenizas.  
  
Imagina que salvas la vida -y la de tu hijo-, porque un segundo antes has entrado en una tienda a preguntar por el precio de una camiseta; imagina entonces que el ruido, el caos y el miedo te hacen salir a la calle y sólo ves una turba sorteando adoquines entre sangre, dolor y pánico.

Imagina que no entiendes nada y que tu instinto de padre hace que busques a tu hijo desesperadamente para ponerlo a salvo en el interior de tus brazos.

Imagina que durante dos o tres horas tienes que explicarle que la muerte se ha vestido de luto y que alguien ha sesgado los sueños de anónimas personas con la guadaña de la sinrazón.

Imagina entonces que la rabia te puede. Que el terror te puede. Has estado a punto de perder la vida y clamas justicia para esos familiares que lloran a sus muertos tras una nueva masacre sin sentido.

Pero pasada la barbarie ves que nuestros tanques de defensa se basan en minutos de silencios, velas y banderas a media asta.

Ves que la estupidez humana florece en las redes sociales y el grado de odio es vomitivo.

Y ves que este país desmembrado da techo, comida y asilo a esos terroristas que han vuelto a cicatrizar nuestra tierra.

Por desgracia, esta guerra no es imaginaria, y la vamos perdiendo. 

domingo, 6 de agosto de 2017

Jerez se desangra...



Y lo hace poco a poco. Despacito. Con parsimonia. Disfrutando de su agonía al sentir cómo por su cuello se va enredando la soga de su muerte anunciada.

Y digo disfrutando porque aquí nadie hace nada. Aquí no pasa nada. Aquí no nos duele nada.

Pero a este junta letras de Torresoto le duele su tierra. Y bastante. Y me enrabio al pensar que nadie pone pie sobre pared para calmar mi pena, mi desazón y mi tristeza al ver cómo se nos está yendo la vida.

Tristeza que me persigue al pasear por mis calles cuando la luna asoma en la noche, reinando sólo su reflejo por las esquinas donde el miedo este verano está haciendo de las suyas.

Esta vez les ha tocado el turno a los bares y a sus terrazas veraniegas, y al ruido molesto que provocan que los vecinos colindantes no puedan conciliar el sueño.

Ahora saldrán los que regentan nuestros hilos y alguna que otra asociación diciendo que pronto se llegará a un acuerdo, pero poner “toque de queda” al centro en estos meses calurosos donde la vida pide hacerse por la noche es dejar que humedezca en sus entrañas la soledad y el sinsentido.

Amén de aumentar las listas del paro, fomentar una imagen deplorable y funesta, y regalarles a los valientes guiris que nos visitan un motivo más que evidente para que no vuelvan el año que viene por nuestras fronteras.  

Pero bueno, ustedes seguid llevando a pleno gilipolleces y debatiendo sobre la poltrona del “y tú más” que en las próximas elecciones os voy a dar mi voto en una terracita del centro, con la persiana del local echada para no molestar así a ningún vecino y viendo cómo una vez más el egoísmo de vuestras siglas están por encima de nuestros intereses.

Y os aseguro que ese voto sí que irá desangrado.


domingo, 23 de julio de 2017

Un paraíso cercano...


Tengo la suerte de vivir cerca de un paraíso natural que, visitado en pequeñas dosis, me enseña a vivir la vida, me muestra lo que es la vida, me regala y me da la vida.  

Al menos en este detalle el destino no ha sido esquivo conmigo y con mi carácter.

Pero les hablaba de mi paraíso, un trozo de tierra y agua a pocos kilómetros de mis huellas, donde las charlas se maridan con los cafés conservados en los termos que siempre conocí en casa de mi abuela; donde los bocadillos de nocilla abren de par en par los pasadizos de las nostalgias y donde los niños no se cansan de ser niños, de querer ser niños, de soñar con ser niños.

En este paraíso siempre hay ruido. Siempre hay bullicio. Siempre hay un motivo para volver.

Tiene este paraíso nombre y perfil de mujer, y le gusta ir tostando la piel desnuda de mi alma de manera pausada, sin prisas, parsimoniosamente, como un romance a medio escribir y como me tomo la vida al ver ese idilio eterno entre el mar y la orilla o entre la orilla y el mar.  

La sombra que necesito en mi refugio me la proporciona una simple sombrilla. El descanso lo alcanzo con una silla pasada de moda. Y el frío lo combato con una vieja toalla que conoce todas las cicatrices de mi cuerpo y que manda a callar a todos los escalofríos de mis silencios cuando reparo en ellas tras cada baño.  

Me gusta pasear por las costillas de este paraíso cuando el sol pliega velas en la lejanía..

Me gusta desnudarme ante él..

Me gusta olvidarme del mundo cuando respiro sus suspiros… y suspiro cuando respiro bajo su mundo..

La playa… ese paraíso cercano que envuelve en felicidad los calores de estos meses de letargo.

Aprovéchense y búsquense en ella.


domingo, 9 de julio de 2017

Crecer sin querer...


La escena la viví la otra mañana mientras esperaba turno para arreglar ciertos papeles relacionados con la casa de mi madre.   

El aforo de aquel recinto rozaba el lleno a eso de las nueve; una madre sin paciencia le daba una y otra vez el móvil a su hijo pequeño de apenas un año para tenerlo distraído; el guarda de la puerta hacía funciones de conserje, de psicólogo, de confidente; mi vecino de asiento, Rogelio, me contó en media hora su vida, la de sus hijos, la de sus cultivos; …

El ruido le vencía la batalla al aire gracias al sudor de esa jungla de ciudadanos impacientes que reclamaban sus injusticias por los impuestos a pagar mientras sus IPhone 7 no paraban de recibir mensajes de wasap.

Y en medio de este lienzo costumbrista de una mañana de julio, descubrí la presencia de una niña que -acompañando a su madre-, me hizo ver que la infancia depende de la cuna en la que nazcas.

Con las rodillas limpia de moratones y algunos dientes de leche a punto de despedirse de ella, al tocarle su turno, la pequeña hizo de traductora entre su progenitora, que supongo que a estas alturas de su vida sigue negándose a hablar nuestro idioma, y un funcionario que sólo estaba pensando en el sabor de la tostada que se iba a zampar en apenas diez minutos.

Con una aniñada sonrisa, era digno de admirar cómo ese cuerpo menudo se movía con suma facilidad entre las ciénagas de un mundo de mayores, de gritos, de soberbias…

Y es que justo cuando tendría que estar viviendo la vida sin preocupaciones, jugando con muñecas y deshojando la tarde de amores y sueños, su piel se va curtiendo de cicatrices y va descubriendo demasiado pronto la mirada envenenada de esta sociedad presumida y egoísta.   

Pequeña, ojalá pudieras crecer más despacio…  

domingo, 2 de julio de 2017

Cuando se dice te quiero...


Antonio Orozco dijo una vez que hay muchas maneras de decir te quiero, pero que nada es comparable al repeluco que nuestra piel siente cuando esas dos palabras recorren el mapa de nuestros lunares porque alguien nos lo dice al oído.

A ciertas edades, hay ciertas palabras que uno necesita escucharlas de manera directa, sin rodeos y a sabiendas que ese juego de latidos puede hacernos olvidar un mal día o puede calmar una tarde de llanto y soledad.

Por eso, cuando se dice te quiero, el alma descorre los pestillos donde la felicidad duerme y se pinta dos sonrisas que saben a tiempo hilvanado a la memoria, a rostro envuelto en recuerdos, a sabanas y amaneceres de escalofríos.

Cuando se dice te quiero, uno se siente un valiente en mitad de la batalla que es capaz de enfrentarse a los requiebros del corazón con el pecho descubierto; a las gotas de lluvia en primavera con promesas encendidas; al frío del desierto por la noche con hogueras de caricias, …

Cuando se dice te quiero, los silencios toman la palabra, el destino se pellizca los pulsos y un trozo de tus entrañas sale por tu boca para perderse en la boca de otra persona y trocearle las entrañas…

Después de un tiempo, un te quiero puede ser la llave que los cerrojos necesitan para desabrochar los olvidos, para pespuntear amaneceres de espasmos, para rasgar sobre la arena mojada el nombre de un suspiro de amor. 
  
Si se lo dices a alguien buscando sus pasos entre la multitud, es para decirle a esa persona que “aquí sigo estando”; y si se lo dices a solas, con la luna alumbrando el cordel de las pupilas, la multitud reseguirá esos pasos para poder escucharlo.

Cuando lo lees en un mensaje de texto, los miedos huyen al tener la certeza de que al menos alguien te quiere, … y cuando alguien te quiere, los miedos lo saben, la ropa lo sabe, tu mirada lo sabe.

Se puede decir con tizas de colores, con purpurinas ardientes, con las manos atadas y desatadas a la vez…

Se puede leer en un trozo de papel pegado en la nevera, en una tarde de cumpleaños, en un paseo por la ciudad de los coloretes…

Se puede decir cuando el interior de uno arde en deseos de amar a la otra persona, de querer ser de la otra persona, de formar parte de la otra persona…


El primer te quiero nunca se olvida… y el olvido nunca podrá quererte como lo hizo la primera vez.

Como ven, se puede decir te quiero de mil maneras distintas, de mil formas, con mil guiños diferentes… pero háganse un favor y díganlo, porque es mucho más bonito decir te quiero que tener que imaginárselo.

domingo, 25 de junio de 2017

Seguiré tu huella...


Ahora que los lápices de colores descansan del ajetreo de tu último año como maestra, préstame unos cuantos que voy a hacerte un dibujo para que te lo lleves de recuerdo.  

Con el color amarillo dibujaré un sol en una esquina, la de tu clase, ese lugar que era tu segunda casa y donde siempre te encontraba atareada, liada con tus mil carpetas, enfundada en tu inmaculado delantal… y donde el tiempo era eterno.

El azul me servirá para perfilar tu mirada, ese horizonte de confianza que me tendió la mano y me abrazó cuando los miedos más me acechaban, y el verde lo dejaré para ilustrar tu sonrisa, esa pequeña ventana que se abría al entusiasmo de llevar a cabo un trabajo bien hecho sin esperar nada a cambio.

Con el color marrón retrataré el sabor de los dulces, de los panes y de los chicharrones que sabían a gloria y a pecado. ¡Qué manos de cocinera te regaló Santa Claudina!

Con el color rojo déjame que te pinte un corazón -el tuyo-, sobresaliendo de este rincón, ocupando toda la pradera de tu cole, hilvanando en sus costuras todo el cariño que dejaste impregnado en todos esos alumnos a los que educaste, enseñaste y legaste tu dedicación y tu paciencia.

Si puedo, te prometo que lo pondré como si estuviera latiendo, para que veas que tiene vida, como esa que hasta el último momento nos has regalado a los que hemos tenido la suerte de tenerte cerca y disfrutarte.  

La palabra GRACIAS irá escrita con el color morado, y a su lado voy a esbozar unas huellas, en negro, inspiradas en tu ejemplo, tu entrega y tu amor por esta profesión, dejándome claro que has sido, eres y será la estela que debo de seguir si quiero ser algún día un buen maestro.


Querida Josefina...  Gracias eternas por dejar quererte. 

jueves, 15 de junio de 2017

¿Sabes quién soy?..


Hoy que tu Solemnidad brilla más que el sol, y que el Pangue Lingua se precipita por los labios de los creyentes, me vas a permitir que desabroche mi corazón y te recuerde quien soy.

Yo soy esa simple mirada que se pierde entre miserias e impotencias, que mastica tu nombre sobre el vano húmedo de la incertidumbre, el que sólo viene a arrodillarse ante tu presencia cuando la soga de la vida aprieta, ahoga y apenas me deja respirar.  

Yo soy un olvido de tierra, una huella perdida en un atardecer de estrellas, un búcaro de mentiras y moratones que hilvana sonrisas de palabras y persigue sueños de barro.

Yo soy una verdad a medias, el eco de un vuelo rasante, una voz sin altavoz por ser fiel a la única verdad que conoce: la de una conciencia tranquila.
  
Yo soy el que camina por el alambre de la vida, entre sonetos de amor y canciones de otros mientras los recuerdos juegan en la orilla de mis nostalgias.

Yo soy un grito que grita Tu grandeza por los callejones de tu historia, por los pasillos de las jonduras, por los balcones de los refugios perdidos.

Yo soy el tiempo confuso y encerrado en un reloj de arena, el destello de un espejo cóncavo envuelto en espinas, el reflejo de una nana donde la luna todas las noches sombrea azoteas.

Yo soy un mapa de costuras sin aliento, un camino de piedras amarillas, una guirnalda de azahar que tararea marchas a destiempo.

Yo soy la radiografía de un silbido, la queja amarga por lo perdido, el que espera en una esquina a que el destino desarbole en dos mis abatidos brazos caídos.

Yo soy un océano de vientos en calma, un monte de cruces de promesas, un barco varado en la cicatriz del miedo.

Yo soy una poesía sin rima, una rima yerma de pulso, un pulso asonantado que bebe de los que juegan con las palabras bajo la tinta de sus latidos.  

Yo soy una bandera blanca, ajada y derrotada, que cada noche te busca en el silencio de los parpados cansados para que no me eches en el olvido.

Yo soy el que necesita de Ti, pero a veces tengo la sensación de que no te das cuenta de eso..

Yo soy el que necesita de Ti, pero me siento uno más en la cola de los rezos..

Yo soy el que necesita de Ti, pero a sabiendas de que también necesitas de mí; así que, dejemos el rencor arrinconado en algún que otro zaguán carcomido por los siglos y abramos los cerrojos de las vergüenzas..

Porque si yo soy la sombra, tú eres la luz que despierta a mis sabanas sudando sueños y deseos..

Si yo soy la mirada, tú eres la pupila azul en la que clavo mi torpe aliento de poeta…

Si yo soy tu vela, tú eres la llama que me atraviesa de arriba abajo los pespuntes de mis naufragios..

Y todo lo que soy, todo lo que he sido y todo lo que me queda por ser es por culpa de tu Cuerpo y de tu Sangre, por tu bienaventurado Sacramento y por la esperanza de tu alimento... 
   

Yo soy tu Verdad mundana

amoratada de huesos,

soy la pulpa de los besos

y el eco de tu campana.

Soy la lumbre que desgrana

la pasión de tu sudario

aliviando mis calvarios

cuando arrodillo el asombro

buscando entre mis escombros

Tú presencia en el Sagrario.



Foto: Miguel Guerrero