martes, 30 de noviembre de 2010

Tu mirada

Las noches guardan silencios,
los silencios guardan sueños,
los sueños guardan suspiros,
los suspiros guardan quimeras,
las quimeras guardan dolor,
el dolor guarda sufrimiento,
el sufrimiento guarda vida,
la vida guarda recuerdos,
los recuerdos guardan instantes,
los instantes guardan guiños,
los guiños guardan momentos,
los momentos guardan besos,
los besos guardan veneno,
el veneno guarda sonrisas,
las sonrisas guardan secretos,
los secretos guardan sombras,
las sombras guardan caminos,
los caminos guardan huellas,
las huellas guardan historia,
la historia guarda el presente,
y el presente guarda miradas.


- ¿ Y quién guarda las miradas?
- Tranquila, las tuyas las guardo yo.

lunes, 4 de octubre de 2010

Aquella mañana.


Descubro mi alma ante la aurora
una mañana en la que el sol se desnuda,
me desprendo del egoísmo, y mis dudas
se escapan al sentirte a ti por unas horas.

Sólo pienso en tener fuerzas suficientes
para portarte por tus calles dignamente,
quizás este año me sonría la suerte
y pueda contar -¡al fin! que logré sostenerte.

Los nervios se desatan por mis venas
cuando alguien requiere mi presencia,
y al acercarme a ti, siento la esencia
que desprende tu figura serena.

Y al meter mi hombro bajo tu manto,
los anhelos y deseos deambulan inquietos;
intento centrarme, respirar, tomar aliento,
no puedo perder el paso de tu encanto.

En cada chicotá voy deshojando mis días
y me descubro cuando te tengo enfrente,
mi mirada de la tuya se muestra pendiente
la tuya hacía la mía por fin es correspondida.

El cansancio en mí se hace presente,
las fuerzas que ayer tuve se van gastando,
la tristeza en mi rostro le va ganando
el pulso a mis ganas de servirte siempre.

La luz de tu capilla de nuevo te ilumina,
el esfuerzo de tus hijos se torna en sonrisas,
el tiempo se detiene, ya no hay prisas,
volveré a buscarte en tu capilla.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Su mirada


Hay miradas que buscamos desesperadamente entre la multitud, por que ansiamos vernos reflejados en ella. Hay miradas que dejan huella en nuestra alma y hay miradas que necesitamos que sean cómplices de nuestro caminar para que nuestro corazón siga latiendo.

Hay miradas que cuando nos son correspondidas dibujan en nuestros rostros sonrisas que iluminan todo a nuestro alrededor, y a veces nuestro alrededor pide a gritos que sea iluminado; simplemente, hay que compartir miradas.

Hay miradas que buscamos toda una vida. Hay miradas que guardan secretos bajo llave y hay miradas que, sólo de pensar que no la tendremos cerca, pueden hacernos daño.

Hay miradas esquivas, zalameras, eternas, sinceras, egoístas, nerviosas; las hay rabiosas, preocupadas, impotentes, soñadoras, tristes, enamoradas; quien no ha tenido enfrente alguna vez una mirada dubitativa, cansada, ilusionada o expectante. Hay miradas que sufren, que ríen, que lloran,... otras son capaces de trasmitirnos ira, y otras provocan escalofríos solo de pensar que algún día volveremos a toparnos con ella.

Hay miradas que buscan posarse en algún punto concreto para volver a encontrarse, y hay miradas que cuando se encuentran, la felicidad es el mejor regalo que ambas desprenden.

Hay miradas que cuando perseguimos la estela que proyectan, su sombra puede acallar los más dañinos de los rumores; y a su vez, hay rumores que comienzan a tener vida cuando hay miradas que los justifican.

Hay miradas cuyo rastro en el tiempo se nos antoja difícil de olvidar; en el fondo lo que tenemos es miedo a pasar de página. Hay miradas cuyos dueños son el dolor que palpamos en la cicatrices del tiempo.

Luego podemos encontrarnos con miradas que duran un suspiro, las hay que son muy fáciles de olvidar, pues apenas han llamado a la puerta de nuestra memoria y hay miradas que, cuando coinciden en nuestro recuerdo, evocan sonrisas que delatan que fuimos felices.

Hay miradas que permiten que nazcan las palabras y se escapen de nuestros labios antes de tiempo, pero reconozco que algunas miradas son la causa directa de que solo seamos capaces de pronunciar arrullos de silencios.

Se puede decir que hay multitud de miradas.

Pero, mirando esta fotografía, ¿puede decirme alguien que esconde su mirada?
P.D.: articulo publicado en:la web Cofrademania. com; en SentimientoCofrade.net y lalevantadigital.com

lunes, 9 de agosto de 2010

Alli te encontré

Donde el tiempo dormita y los reproches callan.

Donde el olvido se escapa y los sueños comienzan a tener forma.

Donde las caricias se buscan y la soledad se ahoga.

Donde el corazón respira y los silencios hablan.

Donde habita tu voz y se posan tus ojos.

Donde pierdo mi mirada reflejandose en ella tu alma.

Donde los sentimientos tiemblan y las sonrisas se presentan nerviosas.

Donde los escalofríos se suceden cuando es a ti a quien tengo enfrente.

Donde las cicatrices supuran y los besos se roban.

Donde las promesas que ayer nos dijimos ansíamos que sean ciertas.

Donde la confianza busca cobijo entre mis palabras y el tiempo es el mejor aliado que tengo para que seas mía.

Donde la noche protege mis miedos y el alba hace que los tuyos de nuevo florezcan.

Donde la pasión es fugaz y los recuerdos empiezan a amontonarse.


Es en los pequeños detalles donde te encuentro cada dia, alli donde reposa el aroma de tus labios, alli donde te muestras ante mi sin mas, alli donde eres tu, alli, precisamente alli, es donde te encontré.

viernes, 7 de mayo de 2010

¿Será el mi Dios?


Cada uno cree en Dios a su manera. Es cierto que yo no necesito de una forma material, tangible y plástica para saber que existe, pero desde que viví en Sevilla no puedo dejar de buscarlo cada Martes Santo.
Cuando yo estudiaba en el Rectorado, a eso de las doce de la mañana, iba a buscarlo a su reducida y coqueta capilla, recordando mis pasos al niño que creció al amparo de su Madre; me sentaba en el ultimo banco –eso aun lo sigo haciendo- y clavaba mi vista en sus dedos, en sus manos, en sus muñecas, en sus brazos,... y haciendo un recorrido por todo su cuerpo roto, agotado y cansado, le iba contando las dudas que asaltaban mis noches y las alegrías que se me escapaban por entre los días.

Han pasado ya diez años desde mi estancia en Sevilla, y hoy de nuevo me he vuelto a acordar de Él, y sin quererlo –o por que Él así lo quiere-, he cerrado los ojos, he soñado con su salida, y he sido capaz de volver a escribir.

Se acrecienta tu sombra al caer la tarde
proyectándose sobre la multitud que te espera, expectante,
suspira el tiempo, se desespera el levante
y algo en mí provocas para ir a buscarte.

Diviso tus pies, clavados entre lirios
me detengo en tus rodillas malheridas,
de tu costado va derramándose el alivio
de saber que tu Muerte, -Buena Muerte- será mi Vida.

Pero llega el momento de las dudas
cuando tu rostro en mi mirada se hace presente,
oigo al silencio gritar en mí, y aun perduran
los latidos de un corazón, que Tú arremetes.

Y... ¿Cómo me presento ante Ti?
¿Quién soy yo para confesarte mis problemas?
Si tu sabes lo que me cuesta hablar de mí
y mucho mas engarzar palabras en poemas.

Sólo sé que mis huellas perdieron su Norte,
sólo sé que mis fuerzas de hombre se están gastando,
una mochila con recuerdos es el soporte
donde descansan unos pies, desilusionados.

Pero tu silueta silente me hace temblar,
y barruntando un presente con días tristes,
ya sólo me queda poder escuchar
lo que Tú, a tu manera, quieras decirme.

Y tal como llegaste, otra vez te vas
deteniendo la tarde tu figura firme,
y yo me quedo, mirándote marchar,
secando mis lágrimas para despedirme.
P.D.: artículo publicado en la página Cofrademania.com el 9 de Mayo de 2010.

jueves, 11 de marzo de 2010

Convivir con mi sombra

Camino estos días por la vida sin rumbo fijo; será que de nuevo me he vuelto a encontrar, y de nuevo me he vuelto a dar asco.
¿Quién soy?
¿Quién pretendo ser?
¿Quién he sido?

No me reconozco. Me miro en cualquier espejo y soy incapaz de saber quien soy.
¿Qué me está pasando?
¿En qué me he convertido?
Creo que sólo Dios lo sabe. Pero el problema es, ¿lo sabré yo?

De nuevo estoy perdido, y de nuevo estoy haciendo daño a gente que sé que me quiere, pero no se que me está pasando, no se por qué me escondo en un silencio que cada vez es mas grande que mi propia vida.

He llegado de nuevo al punto de pensar que mi vida no merece la pena: ¿serán palabras que el viento arrastrará o será de nuevo la realidad que me rodea? No tengo ni idea. Pero es difícil convivir con mi sombra, es difícil vivir con alguien tan inestable como yo, con alguien que de nuevo se encuentra perdido.

¿Alguien podrá ayudarme a encontrar mi camino? ¿O al menos un camino que yo pueda recorrer sin tener que mirar constantemente hacia atrás?

De nuevo perdido en medio de este mundo, de nuevo una sonrisa forzada que oculta mi tristeza, mi pena y el desaliento que encierra mi vida.

...¿PERO QUIÉN SOY? ¿QUÉ ESPERO DE LA VIDA?

Que alguien me detenga y me ayude, por favor. Que alguien me ayude a abrir los ojos y que me enseñe a conocerme.

Hoy me doy pena, mañana? Quizás no exista para mí el mañana. Quizás va siendo hora de recoger los tiestos y largarse de esta vida para siempre, emprendiendo un nuevo viaje, donde la carga sea mas liviana.

Intento llorar y ya no quedan lágrimas. Veo atardecer y no me conmuevo. Me refugio en mi soledad, y hasta ella está cansada de mí. ¿Qué puedo hacer?

Sé que tendría que luchar por mí, darle gracias a Dios por vivir y disfrutar cada mañana de un nuevo amanecer. Pero estoy cansado, me he echo viejo esperando encontrarme en una esquina, y mis pasos ya no dejan huella halla por donde pisan.

Lo siento, esta mañana la tristeza me embarga, la frialdad de mi silencio me hace compañía al recordar que estoy solo.

Hoy siento haberme conocido; espero no tener que arrepentirme de haber nacido.

11.marzo.2010

sábado, 16 de enero de 2010

Quisiera


Quisiera no haberte conocido,
para no tener que despedirme de ti;

Quisiera no haberte mirado,
para no tener que buscarte entre la multitud;

Quisiera no haberte besado,
para que mis labios no me susurren
tu nombre en mis oídos;

Quisiera no haberte amado,
para que no cayeras en mi olvido;

Quisiera no haberme enamorado,
pero fui frágil;

Quisiera no haberte perdido,
para no tener que maldecirme;

Quisiera no haberte recordado,
para que el daño fuera efímero;

Quisiera estar solo,
pero tu sombra es demasiada alargada;

Quisiera no haberte querido,
pero se esfumaría la única razón de tu existencia;

Quisiera no tener tiempo,
para no hacerme más daño;

Quisiera tener alma,
pero me la robaste;

Quisiera,...
13.marzo.2005

lunes, 11 de enero de 2010

El azulejo de Santiago.





Sería la otra mañana; esperando el semáforo en la calle Ancha, detuve mi vista en la iglesia de Santiago, y aún no me podía creer que estuviera cerrada, que se estuviera cayendo por nuestra dejadez, por nuestro egoísmo..., y concluí que es cierto aquello que se dice de que sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena, en este caso, cuando se nos cae.

Vagando estos pensamientos por mi cabeza, mi coche se paró justo a la altura del azulejo del “Prendi”, aprovechando ese fugaz momento para santiguarme, y para guiñarle un ojo al recodarle que siga velando por mi hermana pequeña.

Como el tiempo de espera comenzaba a alargarse, y como seguía parado en el mismo sitio, me fijé en las flores que cuelgan de este azulejo, que se multiplican por día, y no entendí cómo seguían allí colgadas, si el “Prendi” ya no estaba en su Iglesia.

Pero anoche caí en la cuenta, y desde estas líneas quiero pedir perdón, por que al pasar de nuevo por Santiago, entendí
– me lo susurró el viento, y lo corroboró la Luna-, que esas flores son la voz de este barrio, y que en cada pétalo le baila, le canta, le palmea, le sueña, le reza, le zarandea, le llora, le alegra, y le susurra “no me abandones pare mío”, y sobre todo, le añora.

Pero aunque el “Prendi” no se desate sus manos en Santiago al llamar al sueño, las ventanas de la calle Merced cuentan que antes de que rompa el día, Santiago se acerca a recogerlas para ofrecérselas a María del Desamparo, pá aliviar su pena.

Anoche comprendí que no existe señal más flamenca en todo el barrio de Santiago, ni estampa más añeja, que estas flores que buscan cobijo entre los pies del “Prendi”, y seguramente no encontraremos altar mejor adornado en toda la ciudad.

Sólo me queda esbozarle una pregunta a este barrio ¿Estará algún día este azulejo vacío de flores? Espero que no.
P.D.: artículo publicado en Diario de Jerez y Jerez Información el 26 de Abril de 2005.

Y la luna lloró.


La tarde se despertó de su siesta triste, había soñado que no podía ser, que este año no podías pasearte por los alrededores de tu colegio para abrazar los corazones de tus niños entre las cuentas de tu rosario; y no se equivocó.

Aun así, el tiempo nos dio una efímera tregua, y nos regaló unos rayitos de luz que se reflejaban en los mofletes de tu Hijo. Y ante las puertas del templo se presenció cómo la Madre de Dios nos susurraba a los oídos que Ella es el faro que alumbrará hasta buen puerto los navíos de nuestras vidas, cuando los temporales se crucen en nuestros caminos.

Pero al llegar a la calle Latorre, la Luna lloró. Ella tendrá sus motivos, aunque las estrellas que más tarde se atrevieron a salir comentaban que no pudo aguantarse más, y soltó sus lagrimas porque
Tu belleza eclipsaba, por una noche, la suya.

Pero aunque la Luna llorara , tenías a 40 corazones fajados entre sudores que no te dejaron sola, y cuanto más fuerte golpeaban las gotas sobre los noche, ya rota, más se abrazaban ellos a sus ilusiones.

A esa cuadrilla que cada año logra que podamos vivir el sueño de pasearte de la mano, y de poder acunar a tu niño, entre pétalos de oración, gracias por el esfuerzo.

Y las lagrimas que se nos escaparon, algún día las recogerá la Luna.
P.D.: artículo publicado en Diario de Jerez y Jerez Información el 9 de Octubre de 2004.

miércoles, 6 de enero de 2010

No puedo seguir así

















He silenciado mi voz, pero no he podido silenciar a mi alma; he callado por un tiempo, pero es el mismo tiempo el que me pide que hable; he intentado que tu ausencia no me afectara, y me ha afectado más de lo que yo creía.

Por que desde hace muchos años, tengo la certeza de que soy de ti, y es a ti a quien extraño por los recovecos de mis días.
Porque el seguir caminando sin la compañía de tu sombra hace que mis huellas se muestren nerviosas cuando creo que piso tierra firme.
Porque he ido a buscarte a tu capilla, y no es la misma sin ti.
Porque me he sentado en esos bancos y, al mirar al frente, no te he encontrado.
Porque se que te encuentras a unos metros de mí, pero se me hacen tan distantes.
Porque he querido llamar a la puerta y verte, pero ya sabes, soy un simple hombre.

Y aun así, tengo que entender que es por tu bien, que debo de tener paciencia, y que muy pronto volverás –reluciente- a tu camarín-, pero al pasar por las Angustias, aparece un pellizco en el corazón, que no me deja respirar. Que prefiero dar la vuelta a la plaza porque sé que al buscarte en el azulejo, voy a pasarlo mal. Que no le pregunto a mis hermanos por que sé la respuesta que me van a dar. Que se que estas en buenas manos, y que de eso no debo dudar.

Y rompiendo con el miedo hoy voy a confesar el secreto que nos une, y es que soy de ti, y creo que tengo derecho a estar así, y por eso me preocupo; por Ti y por mí.

Por que no quiero vivir una tarde de Domingo sin acompañarte.
Por que se me llena la boca cuando es tu nombre el que pronuncio.
Por que la sonrisa cubre mi cara cuando entre libros, a modo de separador, me cruzo con tu rostro.
Porque me pongo nervioso cuando me enfundo mi tunica, rezando entre dientes para ir a buscarte.
Porque sueño de nuevo con llevarte entre mis hombros de nuevo cuando te pasee por tu barrio.
Por que cierro los ojos y los abro de golpe cuando se vislumbra a lo lejos una vida sin ti.
Y por mil razones que abarcan toda una vida entera y...

Y por que, en definitiva, te echo mucho de menos. Y porque ansío que vuelvas pronto a casa, a tu casa, para que yo pueda ir a buscarte, como tantas veces lo he hecho.

No tardes.


Artículo publicado en la página web de la Hermandad de las Angustias de Jerez y en Cofrademanía.