viernes, 7 de mayo de 2010

¿Será el mi Dios?


Cada uno cree en Dios a su manera. Es cierto que yo no necesito de una forma material, tangible y plástica para saber que existe, pero desde que viví en Sevilla no puedo dejar de buscarlo cada Martes Santo.
Cuando yo estudiaba en el Rectorado, a eso de las doce de la mañana, iba a buscarlo a su reducida y coqueta capilla, recordando mis pasos al niño que creció al amparo de su Madre; me sentaba en el ultimo banco –eso aun lo sigo haciendo- y clavaba mi vista en sus dedos, en sus manos, en sus muñecas, en sus brazos,... y haciendo un recorrido por todo su cuerpo roto, agotado y cansado, le iba contando las dudas que asaltaban mis noches y las alegrías que se me escapaban por entre los días.

Han pasado ya diez años desde mi estancia en Sevilla, y hoy de nuevo me he vuelto a acordar de Él, y sin quererlo –o por que Él así lo quiere-, he cerrado los ojos, he soñado con su salida, y he sido capaz de volver a escribir.

Se acrecienta tu sombra al caer la tarde
proyectándose sobre la multitud que te espera, expectante,
suspira el tiempo, se desespera el levante
y algo en mí provocas para ir a buscarte.

Diviso tus pies, clavados entre lirios
me detengo en tus rodillas malheridas,
de tu costado va derramándose el alivio
de saber que tu Muerte, -Buena Muerte- será mi Vida.

Pero llega el momento de las dudas
cuando tu rostro en mi mirada se hace presente,
oigo al silencio gritar en mí, y aun perduran
los latidos de un corazón, que Tú arremetes.

Y... ¿Cómo me presento ante Ti?
¿Quién soy yo para confesarte mis problemas?
Si tu sabes lo que me cuesta hablar de mí
y mucho mas engarzar palabras en poemas.

Sólo sé que mis huellas perdieron su Norte,
sólo sé que mis fuerzas de hombre se están gastando,
una mochila con recuerdos es el soporte
donde descansan unos pies, desilusionados.

Pero tu silueta silente me hace temblar,
y barruntando un presente con días tristes,
ya sólo me queda poder escuchar
lo que Tú, a tu manera, quieras decirme.

Y tal como llegaste, otra vez te vas
deteniendo la tarde tu figura firme,
y yo me quedo, mirándote marchar,
secando mis lágrimas para despedirme.
P.D.: artículo publicado en la página Cofrademania.com el 9 de Mayo de 2010.