lunes, 30 de diciembre de 2013

Balance


Horas antes de que este catastrófico año 2013 expire y se quede sepultado en algún pasillo de la memoria, de esos que todos tenemos y que con el paso de los días se irán revistiendo de polvo y humedad, la tarde del 31 tengo una cita con la costumbre.

Desde hace años me gusta buscar un rato para buscarme bajo la soledad de un folio en blanco y repaso, con una leve línea en medio, lo bueno y lo malo que ha traído este año que agoniza bajo las hojas de su calendario.

Es una simple tradición que finaliza con la quema de dicho papel y viendo cómo esas cenizas que forman parte de mí serán el punto de partida para un nuevo año que asoma levemente su cabeza.

Y este año que apura sus últimas horas ha tenido de todo.

Encontraré que en lo personal el silencio ha sido el mejor aliado para no hacerme daño ante la indolencia de los de mi misma sangre; quizás algún día estalle, quizás algún día se den cuenta, pero por ahora prefiero guardar mis gritos para evitar que el arrepentimiento asome por mis labios.     

En lo afectivo me siento el ser más afortunado de esta tierra al tener cada noche a mi lado a una persona que  - simplemente -, quiere quererme como solo el querer nos deja querernos.

En lo social me da pena ver como este país, esta ciudad, mi propia barriada se desangra; y no nos engañemos que poco o nada haremos para evitarlo.

En lo profesional anhelo el día en el que pueda tener los agobios y los cansancios de mis compañeros de profesión; no sabéis la suerte que tenéis.

Y en apartado literario, el juntar unas cuantas letras cada semana me ha permitido respirar, conoceros y conocerme; permitidme que os apriete la mano para seguir persiguiendo este sueño.   

Feliz Año Nuevo.

lunes, 23 de diciembre de 2013

Sorteos


La Navidad trae consigo, aparte del frío y la lluvia para que los caminos se hagan, recuerdos, buenas intenciones y sobre todo, días de muchas ilusiones.
Hoy precisamente es uno de esos días rebosantes de ilusión.

Gracias al Sorteo de la Lotería, la mayoría de nosotros soñaremos con  castillos en el aire e hipotecas pagadas mientras de fondo se oyen las voces de los niños de San Ildefonso.

Si ya de por sí apenas me gustan estos días, este en concreto se presenta como el menos indicado, quizás porque nunca me ha tocado nada en dicho sorteo, quizás porque no soporto el efecto secundario de tener que ver a un grupo de desconocidos festejando su destino en torno a unas botellas de champán, mientras te dices a ti mismo: “ ainssss, si yo pillara ese dinero”.

Conociéndome como me conozco, si algún día la diosa Fortuna llenara mis bolsillos de euros y más euros, creo que sólo se enterarían de ello unos cuantos amigos que hacen que a pesar de la que está cayendo y de la que estoy soportando en mí día a día, me sienta una persona afortunada.

Afortunada porque tengo una cama desde donde puedo llamar al sueño; afortunada porque mis pensamientos siguen siendo libres y afortunada, sobre todo, porque los tengo a ellos en mi vida.  

Amigos que me soportan, que me aguantan, que saben cómo soy; amigos que aceptan mis silencios, que son testigos de mis prontos, que sufren y padecen mis manías; amigos que persiguen mis fobias, que responden a mis gritos, que son capaces de enfrentarse al mismo miedo en mi nombre si de esa forma logran ahuyentarlo de mi lado; …

Entre estas líneas podéis leer vuestros nombres, vuestros apodos, vuestras caricias, y aunque al final del día la suerte me haya sido esquiva, os puedo asegurar que no hay sorteo que os pueda igualar. 

lunes, 16 de diciembre de 2013

La Esperanza



Desde pequeño crecemos con el convencimiento de que la esperanza esconde esa última mirada que nos encuentra entre la multitud; que en el  silencio de la noche guarda el último aliento que nos empuja a seguir; que sin abrir la boca nos ofrece las últimas palabras que hacen que de golpe se sequen la lágrimas que tiempo atrás abandonaron nuestras mejillas.

A medida que nuestra piel tarda más tiempo en mudar su color, una voz consejera, surgida del lugar más inesperado, nos hace ver que la esperanza es lo último que se pierde, pero cuando te armas de valor para preguntarle cómo se cuida, dónde habita o cómo se acuna para que nunca nos falte, no hay respuestas ante este misterio de la vida.

Yo, que he esperado para ser mayor y encontrármela por la calle, o sentirla entre los acordes de una melodía, o abrazarla en la infinita paz que nos ofrece un atardecer de olas y espumas de invierno, aun no la he encontrado, y lo peor de todo, es que siento que la he perdido.

Perdido porque ya no sé qué a clavo agarrarme ni a que santo rezarle para que mis bolsillos no sólo sean refugio de arenas y desilusiones.

Perdido porque lo que veo a mi alrededor dista mucho de cambiar, por orgullo, por pereza, por indolencia,… males que se quedan a dormir a pierna suelta tras las luces que adornan nuestras calles estos días.  

Perdido porque a medida que pasan los meses, noto como el tiempo se está riendo a carcajada limpia en las esquinas de mi vida, ganándole la batalla a lo que un día quise ser y que -hoy por hoy-, aún ni siquiera he alcanzado a pellizcar.  


Esperanza, desde aquí te tiendo mi mano para que abraces mi corazón, y por favor, si alguien aun no la ha perdido, que la comparta. 

lunes, 9 de diciembre de 2013

La señorita Inma


Con el paso de los años uno va acumulando recuerdos, instantes, sonrisas; llantos, aromas, escalofríos; guantadas sin manos, quimeras de ensueños, pellizcos al atardecer;… puntadas, en definitiva, que conforman una vida.

Una vida en la que cada cual hace y deshace con todo esto lo que buenamente puede; habrá cosas que se puedan echar al olvido, y habrá otras que sean imposibles de olvidar.

Y entre estas últimas yo tengo alojada en mi cabeza la sonrisa de la señorita Inma.

Permítanme que hoy les hable de ella, y de su sonrisa.  

La señorita Inma se coló en mi vida hace ya bastantes años, y desde entonces se encarga de alegrar mis días cuando más decaído me siento.

La señorita Inma me ha demostrado con el paso del tiempo ser más que una compañera de profesión; pocas se han atrevido a decirme eso de “esta es tu casa, pasa sin necesidad de llamar al timbre.”

La señorita Inma confía - sin yo merecerlo-, en este simple escribano y en las aventuras y desventuras que mis dedos se inventan cada semana; ella sabe que siento su aliento cada vez que me lee.

Pero lo que la señorita Inma, y su sonrisa, no saben es cuánto la echo de menos, cuántas veces la nombro en mis oraciones y que guardo aquí, entre mis brazos y mi cintura, el mayor de los achuchones jamás dado a una persona para cuando al fin volvamos a vernos.

Señorita Inma, la admiro, porque sé que sigues luchando contra viento y marea, como una jabata, por ti y por tu familia, para enderezar los renglones de tu vida cuando alguien se ha empeñado en torcerlos.

Señorita Inma, la aplaudo, porque su ejemplo es el mejor ejemplo del que alguien puede aprender.

Señorita Inma, simplemente la quiero, a sabiendas que será para toda la vida.   

Muchas felicidades señorita Inma. 

lunes, 2 de diciembre de 2013

Zambombas en Jerez




Si alguien le preguntara al Hijo de Dios si estaría dispuesto a nacer de nuevo para redimir los pecados del Hombre, estoy seguro de que en esos momentos Jesús guardaría silencio, más que nada para no herir sensibilidades y así poder valer más por lo que calla que por lo que dice.

Pero si ese mismo alguien -antes de formular esa misma pregunta-, le dijera a Jesús por lo bajini que es jerezano, estoy seguro que éste buscaría de su altillo la cuna que su padre le hizo una noche con maderas de portalito oscuro, quitaría las telarañas y rogaría que le susurrara una nana de esas que hablan de caminos y hojitas verdes.  

Y es que, le pese a quien le pese, la Navidad en nuestra ciudad suena de manera especial.

Será cosa del compás, del duende o del embrujo; será cosa de los gitanos de Santiago o de los nacidos por San Miguel; tendrá alguna culpa la calle de San Francisco, esa que sólo por Diciembre se vuelve larga y serena,… pero algo se esconde en la forma de cantar estos villancicos que se han convertido en la verdadera seña de identidad de nuestro pueblo.  

Y así, habrá algún porqué para los dolores de la Micaela, habrá alguna razón para que los curas no vayan a las iglesias y habrá algún motivo para que los primos se sigan escapando a Roma en busca de un Papa y que éste los case bajo un repicar de campanas.  

Desde hace años en el cielo existe un papel con mis razones de por qué no me gusta la Navidad, pero suelo reconciliarme con ella al escuchar cómo se le da la bienvenida a este mundo a ese niño morenito como la canela y con la gloria recostada en su piel.


Así son las zambombas de Jerez, que le sobran hasta la tilde.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Rebuscando


Al bajar la basura la otra noche volví a verlo.

Entre sus brazos llevaba la hipoteca de un par de cartones, tapaba sus manos con unos guantes roídos por el tiempo y su aliento desprendía la fatiga del primer sorbo dado a un tetra brik de tinto caliente.

Me fijé en su maltrecha espalda, y descubrí unas cincuenta puestas de sol vividas en soledad; presté atención a sus huesos, y oí a la humedad corretear de felicidad por ellos; procuré no pisar su sombra, y sentí a sus zapatos buscar las huellas de un nuevo soportal donde velar los sueños por un par de horas.

En esos momentos pensé que si su piel pudiera hablar, si su llanto se pudiera contener, si su voz se pudiera escuchar,…

Desconozco su nombre, ignoro su historia, no sé de donde viene ni sé hacia dónde va, pero en mis bolsillos guardo su melancólica mirada, esa que andaba rebuscando algo que llevarse a la boca entre los contendedores de basura como si fuera una rata de vertedero.  

Abría y cerraba cada biombo con la maestría y el ingenio de un ladrón de guante blanco. Apartaba con suma facilidad lo caducado de lo aprovechable. Maldecía a regañadientes entre los desechos de los que nos creemos mejor que él porque tenemos aún la suerte de anudar una simple bolsa de plástico.

Quizás nos resulte más cómodo mirar para otro lado cuando nos hablan -o hablamos- de solidaridad; quizás nos creemos mejores personas – hasta más humanos- cuando ayudamos a los que viven y sufren alejados de nuestras fronteras; quizás sea esta época del año la que nos obliga a ser buenos con el prójimo cuando el resto de los meses caminamos sobre las cabezas de los demás.

Yo todavía no tengo que rebuscar entre las miserias de los demás para poder vivir, pero de ser así,… ¿hacia dónde mirarías?

lunes, 18 de noviembre de 2013

Calentando motores


De nuevo noto su presencia cerca de mí.

Le está costando más trabajo que otros años llegar, pero su aroma, esa esencia que desprende su cintura, ese danzar de puntillas sobre el alambre del consumismo, ese desgarro en forma de villancico de la tierra, son huellas que sólo ella sabe dibujar en el tiempo.

Durante años caí en la trampa de su letargo, en el abrazo de su llegada, en el sonrojo de su mirada; al marcharse me prometía esperarla en la vuelta de la esquina, pero antes me sorprendía, acariciando mis mejillas con los primeros fríos de la noche.

Aunque este año ha sido diferente…

Al detener el coche a la altura de lo esperado, allá por los medios de Cristina, la he visto empaquetada y entre vallas, no vaya a ser que se arrepienta de haber venido, no vaya a ser que se escape de entre las manos de los que aún tienen que exprimirla, tomando su nombre en vano.

Y de aquí a nada su presencia se desbordará.  

En cuestión de horas se irá acomodando en los probadores de los escaparates, allá donde la falsedad se queda a dormir, allá donde la luna nos devuelve reflejos de lo que no somos, allá donde la ilusión se esconde entre las lágrimas de los que no tenemos nada que perder al cerrar los ojos.

Y antes de que nos demos cuenta, habremos caído en sus garras, al ver el alumbrado de las calles, al leer los primeros mensajes, al despedirnos con las buenas intenciones, al hojear revistas de juguetes,…

Dicen que es el encanto de la Navidad, esa pátina que algunos utilizan como maquillaje antes de salir de casa para ocultar su verdadera piel, ocultando su maldad, su odio, su mala baba.   


Allá en el horizonte ya se oyen los tambores de la hipocresía calentar motores. 

Que Dios nos coja confesaos.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Sueño cumplido


El pasado sábado el Teatro Villamarta apenas pudo conciliar el sueño, pues cada vez que cerraba las bambalinas para descansar veía en escena el rostro de felicidad de un “popero andaluz” que de pequeño escuchaba a los Beatles y que, por cosas del destino, vive en Madrid pero tiene la veleta de sus pulsos mirando hacia el sur.

Éste se presentó elegante, con una corbata negra que de seguro su madre habrá guardado entre barcos de papel y pétalos marchitos, pues lleva cosida a sus costuras el aroma de la satisfacción al sentirse - al fin-, profeta en su tierra.

Y lo hizo precisamente ahora, cuando Otras Vidas, el último aliento salido de su corazón, comenzó a dar sus primeros pasos en nuestra tierra, en nuestra casa, en su casa, esa que tuvo que ver cómo su música se vendía un día para no volver.

Les hablo de David de María, ese jerezano que correteaba de pequeño por San Miguel y  que se perdía por la calle Cantarería, ese que lleva por bandera, en sus caminos de ida y vuelta, su amor innegociable hacia su tierra, ese que con la guitarra al hombro sigue perfumando soledades.    

Aquella noche pude escuchar a qué suena tu rio, cómo respira tu sonrisa, a qué suenan tus desgarros, y sentí, desde el patio de butacas, cómo un amigo alcanza sus sueños.

Aquella noche cautivaste tus miedos, abriste de par en par el eco de tu voz, le susurraste a Jerez que era preciosa, que era tuya y conseguiste, sin saberlo, sin proponértelo, que sus fronteras se encelaran por no tenerte cerca.

Aquella noche no quisiste problemas, y aunque terminaras cansado y malherido, encerraste para siempre, entre lazos de eclipses y desaires, tu talento, tu voz, tu arte.  

Sólo te pido, querido amigo, que nunca dejes de cantar y que nunca dejes de ser ese loco enamorao.

Felicidades.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Enjaulados


Cuando el sol se despereza de su letargo, cuando de golpe planta sus pies fríos sobre el silencio de la oscuridad, cuando se llama a sí mismo para corretear por entre las azoteas con ganas de terminar de secar las ropas del día anterior, éste comienza a dibujar sus primeros rayos de sol de manera tímida, apocada, casi de puntillas para no despertarnos de nuestros últimos sueños con la danza de sus rayos.

Es curioso. Gracias al “Dios Ra” el ser humano puede calentarse, puede broncear su piel, puede enmarcar sus pulsos y sus emociones,…  puede vivir en definitiva, pero a veces, éste nos habla rompiéndose la garganta y apenas no damos cuenta de sus palabras.

Y esto es algo que, cada vez con más frecuencia, nos está pasando.

Siempre rondó por mi cabeza la premisa de que el ser humano estaba creado, o surgió porque alguien así lo quiso, o somos producto de un sueño que se desvelará cuando cerremos los ojos,… para vivir en sociedad, para no aislarse, para compartir la vida con sus otros semejantes, buscando el sosiego a sus problemas en el roce de otras pieles que sienten el dolor de igual manera cuando son pellizcadas, al cobijo de un sol que dibuja atisbos de esperanzas en el horizonte, pero de un tiempo a esta parte…

De un tiempo a esta parte todo esto está cambiando. Las calles andan desiertas. El miedo se queda a dormir en las farolas cuando éstas se encienden, y apenas te encuentras a niños jugando en la calle con la libertad que da una simple pelota y un par de amigos.

Nos guste o nos guste, ahora vivimos para adentro, conectados a energías que alimentan la cara oculta de nuestros ombligos.

Ahora somos presos de la luz artificial de televisores cada vez más grandes para que nos acojan con mayor fuerza y no nos escapemos; tenemos teléfonos móviles que cada día que pasa más nos encadenan y amordazan a juegos y aplicaciones para que dejemos de pensar por nosotros mismos; caminamos esclavizados a pantallas de ordenadores que trazan nuestros perfiles sociales en redes que nos hacen vivir una vida que no es real, que es artificial, pero que nos importa más que la nuestra propia, por el recelo al qué dirán, a cuántos “Me Gusta” consigo, a cuantos retuits, y que, a diferencia de la de verdad, no sufre moratones y cicatrices.

Ésta vida ficticia tiene una gran ventaja: a la derecha tiene un botón que nos permite abandonar - y abandonarnos-, cuando leemos, oímos o escuchamos algo que nos apetece leer, oír o escuchar en ese momento.

Quizás el primero que tenga que mirarse en este espejo y leerse varias veces este escrito sea yo, que con la excusa de “yo solo utilizo todo esto para trabajar”, leo mejor con las yemas de los dedos que con los labios, y echo de menos el contagio de unas risas, de unos abrazos, de unos amigos,…

Y al final el sol va a tener razón, y a través de sus sombras nos está diciendo, claramente, que estamos enjaulados.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Halloween


Cada cierto tiempo el ser humano cae en las redes del modismo y del miedo, quizás para no verse señalado, quizás para no verse excluido de esta sociedad carente de personalidad, volviendo a demostrar su borreguismo hace un par de días con la fiesta de Halloween.

Una fiesta que se cuela en el calendario con el mismo patrón que lo hace la del Día del Padre, la del Día de la Madre, la del Día de los Enamorados,… y con los hipermercados y los kanitos de turno como verdaderos valedores de la misma, por el bien de sus arcas y en detrimento de nuestras carteras.

Como buena fiesta comercial, ésta presenta dos bandos: a la diestra tenemos a sus defensores y a la siniestra tenemos a sus detractores.

Y es este último bando y las ganas de hacerse oír, con argumentos banales y partidistas, lo que me irrita de esta fiesta, sobre todo los que tienen alguna vinculación con el mundo de la Iglesia. 

Una Iglesia que, mire usted por donde, creo que tiene reservado en el calendario algunos días para su uso y disfrute, y que apenas hace negocio con el tema de la muerte llegado el Día de Todos los Santos, ¿verdad?  

La respuesta de alguno católico ofendido es previsible, pues me dirá que no vaya a comparar el mofarse de la muerte con el hecho de dar cristiana sepultura a nuestros familiares.

Pero yo no comparo, simplemente pido coherencia a esta Iglesia, y a sus católicos de boquilla, para que dejen de mirar la paja en el ojo ajeno y comiencen a preocuparse de los cimientos de su podrida viga, comenzando con el detalle de prohibir en algunos colegios concertados religiosos esta celebración, o al menos que cuando disfracen a sus niños y niñas, tengan el detalle de descolgar el crucificado de la pared.

Estoy seguro que Jesucristo se lo agradecerá. 

lunes, 28 de octubre de 2013

Ni un dedo.



Diez deditos como diez solecitos tenemos los seres humanos en nuestras lindas manos… y a la hora de la verdad no los movemos por nadie.

Para llegar a esta afirmación no me he tenido que quebrar mucho la cabeza, solamente he tenido que ver, leer y escuchar las noticias surgidas en los últimos meses entorno a mí alrededor, y comprobar a su vez la reacción que la masa social que me rodea ha tenido ante ellas.

Es un esquema sencillo como ven, causa- efecto se podría decir.
Para darle mayor contenido a esta esclarecedora teoría también incluyo la opinión de algunos contertulios televisivos, a los que desde aquí agradezco su implicación en la misma, ya que hayan dejado de salir en la tv por mí durante al menos un par de horas, y aporto las opiniones de cientos de miles de usuarios de algunas redes sociales, valedores al fin y al cabo de este pensamiento dominguero.

Conclusión: no movemos un dedo.

Escuchamos una noticia y agitamos el árbol de la rabia, el de la incomprensión, el de la dignidad; retuiteamos gritos en el cielo, nos rasgamos las vestiduras, vomitamos injusticias contra el sistema; compartimos fotos, lazos, pensamientos… pero al fin y al cabo, el calentón nos dura un par de días, lo que se tarda en asimilar otra cortina de humo proveniente de aquellos que manejan nuestros desgastados hilos.   

¿Qué no me creen? Ni un dedo…


Huelga en la enseñanza: la mayoría de los estudiantes arriman su hombro desde la cama; 
excarcelación de una etarra: se recibe a ésta como heroína de la libertad mientras nos lamentamos de la pobre justicia que tenemos; 
la Tárrega escupe sobre Andalucía para enaltecer a su comunidad autónoma: nuestra presidenta ni se inmuta; 
Griñán se va por tabaco: le deja su sillón a esta misma presidenta que no la conoce ni el tato; 
la jueza Alaya… 

lunes, 21 de octubre de 2013

El Domund.


Hoy domingo se celebra la jornada Mundial de las naciones, es decir, el DOMUND, el día en que la Iglesia universal reza por los misioneros y misioneras, colaborando con ellos y por su labor evangelizadora, labor que se desarrolla la mayoría de las veces  más allá de nuestras fronteras.

Al llegar este día siempre recuerdo el consejo de un viejo cura de pueblo cuando le puso freno al ímpetu de un compañero de clase al comentarle éste que quería irse a las misiones para serle útil a la sociedad.

El cura, con la experiencia que da unos alzacuellos con arrugas, calmó sus ilusiones animándole a que se formara, a que creciera, a que buscara su propio camino para que siempre pudiera regresar a casa con la cabeza alta.  

Demasiadas cosas le pidió este cura en esos momentos a un amigo que ese día llevaba los zapatos cambiados.

Pero es cierto que cualquiera no sirve para ser misionero; hay que estar formado, hecho, preparado para saber recomponer un corazón que cada dos por tres se va a romper en mil pedazos ante la barbarie humana; hay que dejar atrás una casa, unos amigos, una familia,… para dar abrazos y besos a otras pieles que nada tienen que ver con la nuestra; hay que dejar a un lado comodidades y privilegios para ver otras puestas de sol y sentir otros amaneceres.  

Loable por tanto la labor que hacen estas personas, labor que me hace pensar que a veces soy un ser humano ruin y mezquino, desagradecido y conformista, miserable y egoísta al cruzarme de brazos -como hice ayer-, mientras veía a otros hijos de Dios rebuscar entre los contenedores de basura buscando un simple bocado que llevarse a la boca al caer la tarde.

En el pecado de respirar llevo la penitencia de vivir, pero yo te pregunto a ti, ¿tú serías un misionero?

lunes, 14 de octubre de 2013

El Patrón.


En la Muy Noble y muy Leal Ciudad de Jerez de la Frontera uno se puede encontrar de todo por estas fechas: tenemos noches Azules y Blancas, Veladas del Pilar y un día de fiesta enmarcado en rojo donde nos acordamos de nuestro santo patrón.

El jerezano siente por San Dionisio –con cabeza o sin ella- algo difícil de explicar y complicado de controlar al llegar el 9 de octubre.    

Ese es el principal motivo por el cual nosotros vivimos ese día como algo especial, abarrotando las calles en cada uno de los actos que se conmemoran, como así sucede con el traslado del pendón.     

Mientras que este día puede resultar absurdo o un sinsentido en la historia de cualquier otra localidad cercana, para Jerez supone todo lo contrario; jamás, y repito, jamás verán a un jerezano darle la espalda a su pueblo y alejarse de sus fronteras en busca de otros centros comerciales u otras capitales de provincia el día de su patrón.   

Es tanto el cariño que se vive en la ciudad al llegar esta efeméride que la estación de trenes y la de autobuses duplican su personal para recibir a sus hijos pródigos; en el cielo se pueden contar ese día hasta tres y cuatro aviones sobrevolando la zona de Guada esperando turno para tomar tierra; y la autopista del sur reduce su incomprendida tarifa para que en el peaje no se formen colas ni aglomeraciones.

En fin…  

Si “un pueblo que no conoce su historia está condenada a repetirla”, Jerez la repite cada año porque la desconoce, porque hay jerezanos que no están para fiestas y/o porque nadie se ha preocupado de enseñarnos cuál es nuestra verdadera identidad.    


Menos mal que Alfonso X nos incorporó a su corona el día de San Dionisio y no el día de San Pascual Bailón, ¿qué le hubiesen cortado a este entonces? 

lunes, 7 de octubre de 2013

Sonrisas


Coincidiendo con el primer viernes del mes de Octubre, los inquilinos del planeta tierra tuvimos la suerte de celebrar en nuestros hogares y zonas vitales “el Día Mundial de la Sonrisa 2013”.

Según he podido saber, esta fiesta surge con “la sana intención de buscar y ver el lado bueno de las cosas y de la vida”.

El creador de esta efeméride fue el americano Harvey Ball, y el objetivo que perseguía con esta celebración es que al menos, durante un día al año, debemos de ser amables tanto con los seres conocidos como con los desconocidos, repartiendo para ello sonrisas con las que alejar, por unas horas, nuestros problemas políticos, religiosos y/o económicos.

Ahora entiendo porque cuando me miré en el espejo el pasado viernes apenas me importó verme el cartón; es más, me vi hasta más alegre  y como con el guapo subido.

Y pensando en cómo me fue el resto del día, recuerdo que volví a ver un telediario sin la impotencia al lado; sonreí al ver que aún no me han salido goteras donde duermo; me alegré cuando la humedad me pagó este mes su alquiler por adelantado; el dolorcito que tenía en el pecho desde hacía una semana por no cobrar el mes de Septiembre apenas lo noté; desde hacía meses ese día apenas me preocupé por mi presente; perdí mi miedo a hablar en Inglés; por la tarde llamé a un amigo y nos descojonamos cuando nos contamos nuestros miserables problemas;…  

Querido Harvey, desde aquí te pido perdón; para el próximo año prometo irme a la calle Larga y a la altura del Gallo Azul me pondré a repartir sonrisas, a diestro y siniestro, aunque me acueste cada noche con la sensación de que es la vida la que se está riendo en estos momentos de mí.

Si alguien se quiere apuntar, lo hablamos.


lunes, 30 de septiembre de 2013

Otoño, seas bienvenido

              
               Desde hace un par de días la ciudad anda ansiosa por su llegada. No se lo ha dicho a nadie, pero su corazón no está bien.

Es un secreto a voces que sólo comparte con aquellos que desean escucharla cuando el sol le echa cerrojos a la tarde; con el paso de los siglos ha perdido el miedo a contar a qué saben sus lágrimas, y de vez en cuando suelta algunas para calmar así a su soledad.

Cuentan que cuando en el cielo alguien se pone a dibujar nubes de pegatina junto a la cúpula de la Iglesia de la Victoria, le han escuchado decir que le gustaría ser libre…

Libre para corretear descalza por sus propias calles y juguetear en cualquier plaza con las hojas caídas del calendario de la espera.

Libre para proteger su piel de los primeros escalofríos callados y saber a qué sabe un abrazo cuando la voz enmudece.

Libre para ir a buscar los cimientos de sus fronteras y dar respuesta a tantos por qué que se pierden entre la piel de sus labios.

 A veces, cuando centenares de extranjeros la miran con asombro y sorpresa, se acurruca entre las tapias de la lejanía para escuchar historias donde ella es la única protagonista; una vez estuvo a punto de pedirle prestada la mirada a un alemán que partió de aquí con el cuello dolorido de tanto mirar hacia arriba.

Ella daría lo que no tiene para que los de aquí la miraran con el rabillo de aquellos ojos forasteros que tanto bien le hicieron aquella tarde; yo daría lo  único que tengo -mis pies, mi sombra y mi historia- para volver a perderme por entre las costuras de una ciudad que vale más por lo que calla que por lo que otorga, y ganarme al fin la palabra jerezano. 

Querido Otoño, ayúdame a conseguirlo. 

lunes, 23 de septiembre de 2013

El centro


Tengo la suerte de ir descubriendo por día que pasa a una de esas personas que, teniendo en la cabecera de su cama los quejíos del Torta, la gitanería de Terremoto o las espantás del Paula, la vida ya no le coge de sorpresa. 
Él se llama Juan Peña, nuestro “Peñita” de toda la vida, uno de esos cámaras gráficos que - cada vez que le dejan-, es capaz de enfocar con su lente lo que su corazón embarbado le dicta.    
Me gusta escucharle cuando habla porque apenas tiene que levantar la voz para hacer oír su discurso en este mundo donde cada día se grita más y se acaricia menos.
Cuando nuestros caminos se separan es cuando me doy cuenta de su grandeza.  
La última vez que tuve esa sensación de querer saber más fue el pasado viernes cuando yo defendía, con vehemencia y pasión, el pensamiento enérgico y egocéntrico de que “el centro de Jerez sólo se llena cuando un paso está en la calle”.
Él, atento a mis palabras y sin alterarse, apenas puse punto y final a mi alegato cofrade y ventajista, me dio una lección de esas que tardaré mucho tiempo en olvidar: “si el centro de nuestra ciudad  se colapsa por una procesión en condiciones como la de la Yedra o la de la Merced, me parece perfecto, pero me gustaría que el Ayuntamiento le diera facilidades a otros colectivos para que también se pudieran expresar de igual manera en un espacio público.”
Tocado y hundido.
Yo que pensaba sacar a relucir en esta tribuna mi pecho cofrade, y regocijarme así ante el beneficio directo que sólo es capaz de generar en los bares del centro una cofradía,… me marché a casa con la cara colorá, el ombligo herido y entendiendo que el centro debiera ser de todos.
Ainsss amigo Peña, gracias por abrirme los ojos.   


lunes, 16 de septiembre de 2013

Relaxing


                     Una vez que la alcaldesa del Madrid de los Austrias pusiera una pica allá en Buenos Aires con el objetivo de que su ciudad -y solamente su ciudad- alcanzara el anhelado sueño de ser olímpica, me quedo con dos pensamientos. 

El primero, ¿esa mujer no podría haber ido a una peluquería el día antes? Conozco a algunas que por menos, más dinero invierten en disimular sus canas. 

Y segundo, el índice de natalidad que contempla el número de maestros liendres por metro cuadrado en Hispania sigue creciendo de manera progresiva. 

Creo que ahí somos líderes indiscutibles. 

Porque se da la circunstancia de que ya no sólo son los tertulianos de turno, esos que salen a todas horas en su tele y en la mía los que se ofrecen para dar enseñanzas a los demás sobre cualquier materia, sino que entorno a este tema del inglés cada uno de nosotros nos hemos formado una opinión y la hemos compartido rápidamente con los demás. 

Y la verdad que no me extraña, conociendo de oídas nuestro excelente sistema educativo y la manera que tiene éste de enfocar la enseñanza de este idioma en nuestras aulas. 

Si hubiesen escogido a cualquier español de los que ponemos en el curriculum vitae que nuestro nivel de inglés es medio, de seguro que lo hubiéramos bordado, soltando varios chascarrillos y contando un par de chistes a lo Paco Gandía para conquistar a todo el Hotel Hilton, levantándose éste de sus asientos para aplaudirnos ante los matices y la fluidez verbal que en esos momentos le estaríamos dando a nuestro discurso. 

Y me imagino al ministro Wert, taza en mano, diciéndose a sí mismo: "vaya país éste, aún con recortes en educación sabe sobrevivir y dar lecciones en otro idioma". 

Como ven, podrán pintarnos la cara en cualquier otra cosa, pero en eso de hablar inglés TODOS vamos sobrao, or not?

lunes, 9 de septiembre de 2013

El Noveno


Si es cierto esa ley no escrita, pero manoseada por el boca a boca, de que el hombre es el ser más inteligente que habita entre los horizontes de esta tierra, éste debería de ir cada cierto tiempo al panel de ajustes y ser mucho más práctico en cada versión mejorada de sí mismo.
Una sugerencia que propongo a los que rigen nuestros destinos podría ser la de sustituir el mes de Enero por este mes de Septiembre, con su correspondiente  “toma de las uvas” en la Plaza del Arenal, donde de seguro pasaríamos menos frio.
Pero tengo más premisas para pedir este cambio. A saber.  
Septiembre es el verdadero mes del inicio de todo, desde las dietas milagrosas hasta las ligas deportivas; desde las agendas escolares hasta la vuelta a la rutina por parte de padres, maestros, babis,…
Es en este mes donde uno vuelve a descolgar del armario los pantalones largos, a calzarse el reloj para que éste marque de nuevo los tempos, donde ir a comprar el Diario o echar una quiniela supone un ejercicio de equilibrio motor al tener que sortear infinidad de colecciones interminables y absurdas.  
De los doce meses del calendario, es el que mejor sabe engatusar al aire para, pellizcando levemente sus nubes, se desprenda por las calles ese aroma a tierra mojada que tan romántico lo envuelve todo.  
Es un mes discreto, esperado, mercedario,…
Lo mismo lo puedes encontrar lavándose la cara entre fuentes y arriates, que anda buscándote para quitarte la arena de unos pies que de seguro han danzado por orillas, terrazas y piscinas, de manera libre, descalzos, sin ataduras,… reclamando una libertad que dentro de muy poco perderán en favor del invierno.
Sólo hay un pero que ponerle a este mes de Septiembre, y es que trae consigo la vuelta de unos cuantos parásitos a nuestra sociedad, pero… nadie es perfecto. 

viernes, 6 de septiembre de 2013

A solas...


             Cuando se oyeron en la calle los últimos pasos del mayordomo buscando éste el descanso de su hogar, a esos de las dos de la madrugada, en la Iglesia del discípulo de Pablo se hicieron las miradas y se escucharon los ecos de los latidos a contratiempo.
En la oscuridad de aquellas naves reinó desde ese instante el silencio, aquel convidado de piedra que tendió sus manos arrugadas a todos aquellos que no se atrevieron a hablar, a aquellos que no sabían que decir, a aquellos que no alzaron la voz por el miedo a ofender a la historia, esa que se perfilaba en los rostros de dos vírgenes encontradas en sus advocaciones.
Fue en ese instante cuando Dolores tendió sus dedos para que Esperanza se aupara a su altar; fue en ese instante cuando Esperanza le tomó del brazo para acurrucarse sobre su pecho.
Lo que ambas se dijeron en esos momentos sólo lo saben los alfileres de sus pecherines, los rosarios que colgaban de sus muñecas, los dobleces de sus rostrillos,...
Quisieron que se reencontraran con su pasado, y Ellas se prestaron a ello.
Quisieron vestirlas como antaño, y Ellas no pusieron pega alguna.
Quisieron que se pasearan de puntillas por sus recuerdos, y Ellas asintieron silentemente.
Pero lo que nadie contó fue con que a Ellas no le hace falta recorrer los repelucos de San Lucas para buscarse en los espejos del tiempo, esos que adornan las leyendas de los más viejos del lugar, pues sobre sus lagrimas de porcelona siguen ancladas las promesas, los avemarias, los rezos a escondidas de aquellos que cuentan sus años por Magrugadas y Miércoles Santos.
A solas, en la oscuridad de ese templo que aun no quiere despertarse de un sueño restaurado en cada padrenuestro, ambas se contaron todo, ambas se dijeron de todo, ambas se desnudaron ante todos,... pero nadie sabrá lo que ambas se confesaron.
Aquí comenzó todo...