lunes, 27 de mayo de 2013

Tuve esa suerte


          Cada vez que el mes de mayo se acomoda en las persianas del atardecer, siento a los repelucos de los recuerdos comenzar a batir sus alas, volviendo a sobrevolar los poros de una piel que a estas alturas del año ya andan pidiendo los domingos por la mañana la venia necesaria para mudar su color por un tono algo más oscurito.

Es quizás la época del año donde más nostálgico me vuelvo, donde más me gusta repasar las huellas de mi presente, y donde los pellizcos del mes de María denotan que sigo siendo salesiano, le pese a quien le pese.   

Así, sé que el día que sale a la calle mi Virgen es el día de los encuentros, de los saludos, de destapar la nostalgia y compartir la añoranza con los compañeros de banca y con los profesores, cuando éstos sólo admitían que se les llamase de don y se les respetaba con sólo oler su sombra.

Sé que el mes de las flores sirve para buscarse en los espejos de lo que se es cuando los reflejos de lo que somos se emborronan por culpa del vaho de las desilusiones.

Y también sé que crecer bajo la mirada de un crucifijo, posado sobre una pizarra - ya sea de tiza blanca o digital-, moldea nuestro carácter de manera especial; nunca nos hicieron mejores, sencillamente, nos hace ser diferentes.

Y todo se lo debemos al que desde este pasado viernes tiende su mano a las puertas del Santuario de María Auxiliadora, lugar donde algún día el sueño de un sí quiero se hará realidad, lugar donde encontré a la que unos cuantos me quisieron arrebatar.

Puedo decir orgulloso que eche los dientes bajo las faldas de la que un día lo hizo todo, llevando por siempre impreso ese legado sobre mi sangre; simplemente, tuve esa suerte.      


viernes, 24 de mayo de 2013

Simplemente, Ella



                    Cuando el verdugo descubrió la cabeza de aquel último reo, el asombro se apoderó de aquella plaza que sólo quería ver derramar sangre en cuanto el sol se acercase a las doce del mediodía.

Creo recordar que esto sucedió un 24 de mayo.

Ese año la primavera no tuvo prisa en llegar. Los que se preciaban de conocerla relataban que se entretuvo por el camino más de la cuenta. Andaba enamorada, y a muchos amantes la espera se les hizo eterna pues esperaban ansiosos poder deshojar margaritas sin que el aire las esparciese con los primeros suspiros.

Ella también sintió la sorpresa corretear por sus adentros cuando se supo finalmente quién era aquel condenado.

Durante semanas se estuvo hablando de él. Las lenguas que creían saberlo todo, esas que tienen miedo a que los demás sepamos que sus latidos están envenenados de envidias, exageraban por día que pasaban, con el único deseo de seguir escupiendo sobre su historia, sin saber que con sus palabras lo que estaban consiguiendo era abonar el terreno para que la leyenda fuera creciendo y las hazañas que de él se contaban quedaran enmarcadas en el recuerdo de la admiración.

Pero nadie pudo imaginar que aquel rostro que tantas mentiras levantó, que tantas invenciones tuvo que soportar, que tantas farsas tuvo que sortear era el que se escondía detrás de esa capucha anónima. 

Hasta que el alcaide subió al último peldaño del cadalso y comenzó a leer aquella sentencia de muerte. Éste saboreó cada párrafo vertido sobre aquel pergamino, regocijándose en cada espacio, disfrutando en cada punto y aparte, y cuando le pidió al verdugo que desvelara la identidad de aquel rebelde sin causa, espetó la risa más perversa que aquella plazoleta escuchó jamás.  

Pero para su sorpresa, nadie le acompañó en su alegría, puesto que el silencio apaciguó los deseos y la sed de venganza de aquella turba descabezada.

Se miraron unos a otros y nadie se podía creer que ese joven aprendiz de maestro perdería su vida aquella mañana entre injurias y calumnias, simplemente por demostrar a cada paso que daba, en cada acto que hacía, en cada abrazo que regalaba, que era a 

Ella a la que amaba sobre todas las cosas, por el simple hecho de haberlo hecho todo.

Pero todo estaba dispuesto.

La soga comenzó a envolver el cuello de aquel inculpado, y en el tiempo que tardaron en estirarla, sesgó para siempre aquella vida sobre aquel entramado de madera; hubo algunos vencejos que sintieron el pasmo sobre sus picos, pero no fueron capaces de decir absolutamente nada.

Como la mayoría de los allí presentes, que apenas levantaron la voz  cuando se escuchó el silbido de la muerte golpear los adoquines de la plaza.

Pero como una señal del destino, todos sintieron el alivio al encontrar bañada sobre pétalos de sangre aquella presea que le protegió durante toda su vida, y en la que se podía leer la leyenda simplemente, ella.

Y en aquel momento, el cielo fue el que comenzó a reír al recibir a un salesiano más franquear las puertas de su gloria.  

lunes, 20 de mayo de 2013

Fuga de cerebros



Justo cuando tuve que decirle adiós a mi segundo paso por una universidad andaluza - del primero solo conservo la beca, del segundo aun no tengo ni el titulo- comencé a escuchar por algunos mentideros que las promociones posteriores a la mía iban a tener la suerte de educarse, de formarse y de diplomarse y/o licenciarse con los expedientes más preparados y cualificados del reino de España desde que éste se escribe sin h.

Lástima que no me hubiese pillado alguna reforma como la LOGSE o la LOCE, o que en mi camino se hubiese cruzado algún ministro educativo como el señor Wert; sigue así que lo estás bordando chaval.

Mi currículo académico es simple. Cursé la E.G.B, el BUP y el COU, y el único cambio tecnológico que sufrí en el aula fue el paso progresivo del manejo de la tiza, pues la cilíndrica le iba ganando terreno a la cuadrada.

Me siento orgulloso de lo que en su día estudié, pero me hubiese gustado disfrutar de una beca Erasmus, ese proyecto gestado para que nuestros jóvenes completen su formación fuera de nuestras fronteras, con la idea de regresar a casa y ser la solución a nuestros problemas.

Volver a nuestro hogar sabiendo de idiomas, de geografía y de informática – nivel avanzado quiero decir-, debe de ser un salvoconducto para abrir puertas y sacar a este país del desahucio en el que vive. 

Excepto para ese joven gallego que ha cometido la osadía de recibir el premio al Mejor Físico Experimental de Europa, pues para ese chaval no hay sitio en esta bendita tierra, alegando que todavía es “joven”.

No te preocupes Diego, y vuelve a echar los papeles cuando estés a punto de prejubilarte; tranquilo, si tenemos hueco aun te quedaran diez años para dar lo mejor de ti, y gracias por no haberte querido fugar -con tu cerebro- a otro país.     

viernes, 17 de mayo de 2013

Yo no sé quererte así.




Ahora que los caminos que llevan hasta tu aldea rebosan por las marismas plegarias que se anudan al cuello de los peregrinos, déjame que te confiese en la distancia que nos une aquello que nunca he sido capaz de contarte cuando he estado lejos de Ti.

Apenas quedan secretos ya que desvelarte.

Conoces como nadie a que huele la senda de mis latidos; vislumbras en el horizonte la nostalgia de mis atardeceres cuando te pregunto por mis ausencias y sabes -como sólo lo sabe el aire-, que en las orillas de mi carácter se van acumulando los rencores de aquellos que un día me apreciaron.

Tranquila, haré caso de tus consejos y seguiré sin echarles ni cuenta; me estoy acostumbrando a convivir con ello; todo lo contrario a lo que me sucede cuando Pentecostés se asoma por el calendario.

Y es que no me acostumbro a cohabitar con esta moda pasajera que tanto daño te está haciendo cuando veo a tantos rocieros de temporada que solo llevan un par de rocíos sobre sus huellas y que enarbolan la bandera de la auténtica fe en Ti sin detenerse en preguntar a qué dirección manda uno sus rezos.

Y es que no me acostumbro a tener que dar explicaciones sobre mis luces y mis sombras, esas que sólo tu azulejo difumina cuando me persigno al pasar por delante de Santo Domingo.     

Y es que no me acostumbro a tener que escuchar cada año las mismas explicaciones sobre aquello de lo que es el camino o deja de serlo; a ver cuándo se enteran que no hay mayor ofensa que la de sentirse ofendido.     

Sabes que yo no soy rociero, pero en mi memoria hay pasadizos donde se reflejan los recuerdos de tu rostro oponiéndose al miedo, bien en forma de estampa, bien en forma de cordón renegrio, bien en forma de ramillete de romero.

Sabes que yo no soy rociero, pero en mi sien hay sonidos clavados donde se confunden inicios de sevillanas con presentaciones de hermandades al llegar el mediodía del sábado.

Sabes que yo no soy rociero, pero sobre mis dedos aún quedan restos de aquella vez que me abracé con tanta fuerza al frio de tu reja y la sangre rompió a llorar por mi nariz en aquel antiguo cuarto de las velas.   

Y sabes mejor que nadie lo que me está doliendo perder poco a poco a esa niña que solo vive pendiente de Ti; al menos apriétale la mano para que respire otros veintiún y cuéntale cuando la veas que la echo de menos.

Me niego a estas alturas de mi vida a renunciar a tu nombre, a esquivarte la mirada o a perderme en la infinidad de tu gracia, pero yo al menos soy sincero y ante Ti descubro mi alma de cofrade a la que le falta el pespunte de tus mañanas, el festejo de tu llegada o el canto de tus poemas.  

Si aun así  quieres que me pase a verte; si aun así me aceptas como hijo; si aun así eres capaz de perdonarme, sombréame una sonrisa que yo iré a rezarte, aunque yo no sepa quererte como lo hacen los demás.     

lunes, 13 de mayo de 2013

Confía en nosotros



               No te pongas así, que en un par de horas, volverás a ser la misma de antes.

Los trajes de gitanas, con sus peinetas y andares, buscarán refugio en los  altillos de la abuela; los perritos pilotos, encontrados por los megáfonos del azar, acogerán abrazos hasta que las sonrisas cumplan la mayoría de edad; y en el interior de los zapatos, carentes este año de albero, quedarán marcados para siempre el quejío de ese dolor de pies, pues este año todo el mundo se ha empeñado en bailar contigo hasta que el amanecer silenciaba un alumbrado de los de antes.

Siéntete pues orgullosa, que otro año más lo has vuelto a conseguir.

Durante una semana has sido el refugio perfecto para que las penas se ahogasen, para que el pueblo aparcase sus problemas, para que todo el que te visitase encontrase el ombligo de tu grandeza.

Pero ahora toca abrir los ojos y despertar de este sueño.   

Así que, asómate a la puerta, ten el señorío que muchos quieren quitarte, y dile adiós a los moteros rezagados, a las jarras de rebujitos, a los coches de caballos; a los abanicos, a las sirenas de la policía, a esas amistades regadas con alcohol; al que te vendía tabaco, a la que nos agobiaba con vendernos flores mustias, a esa china que deambulaba por las casetas con los ojitos entreabiertos;…  

Y olvida la melancolía, que cuando todos se hayan ido, cuando todos se hayan olvidado, cuando las promesas de luchar por ti sean arrastradas por el viento, los que nos quedamos aquí tendremos que apretar los dientes para luchar contigo y salir de la crisis, de los impagos, de la corrupción,… para sacarte del boquete en el que andamos inmersos, y del que durante siete días has respirado sobre un alambre de farolillos.  

Que no se te olvide nunca que solo nosotros pintaremos de fuegos artificiales los cielos de tus fronteras.  

viernes, 10 de mayo de 2013

No seremos nada


             El clima informativo del que todos somos presos, aunque la justicia se haya encargado de dejar claro que hay grilletes que no encajan de igual manera en algunas muñecas, está minando poco a poco nuestra moral, como diría el otro, y no le va a faltar razón al pobre pescadero. 

Uno intenta mantenerse al margen y no caer en esa tediosa malla de dimes y diretes, pues suficiente vela aguantan algunos de mis cansados palos, pero es imposible no salpicarse las botas al esquivar algunos charcos, aunque pretendas dejarlos a cierta distancia.

Suena el despertador rompiendo los mejores sueños, esos que nacen al formarse el rocío del alba, esos que maquillan de prisas la mañana, esos que se ponen a pegar brincos sobre sábanas aun calientes, y sabes que una nueva jornada de lucha y de decepciones se avecina a lo lejos.

Hay días que uno siente ansiedad al levantar las persianas.

Antes, uno se bajaba de la cama con la idea de comerse el mundo; ahora es el mundo el que desayuna – con los pies en zapatillas-, nuestras ganas de hambre dejando a un lado del plato las legañas y el pijama. 

El miedo lo tenemos enfundado en nuestra piel, al abrir un periódico, al escuchar la radio o al ver la televisión, evitando leer, escuchar, ver - en la medida de lo posible-, cómo un nuevo icono, un viejo ídolo o un emblema institucional hunden sus raíces en la corrupción, en el engaño y en la estafa, haciendo trizas aquellas palmas batidas en su día y que alzaron nuestros orgullos y nuestra admiración en un brindis bajo el sol con las estrellas como convidadas de piedra. 

Pero por mucho que uno intente cerrarle puertas a la realidad, ésta siempre encuentra algún resquicio para colarse y aguarnos la fiesta. 

Gracias a la globalización del mundo, esos que dan lecciones de humanidad desde tribunas a sueldo, uno puede escuchar los últimos latidos de un país que se desangra por los cuatro costados antes de que el gallo cante.

Pero no nos engañemos, llegados el mes de mayo nuestras preocupaciones se vuelven banales y se rebujan con los iconos, sobre todo con el de bajar los brazos y mirar para otro lado.  

Yo estoy preocupado por ésta situación; y como todos hacen análisis y dan soluciones ante la debacle que se nos viene encima, aquí os dejo mi concienzuda reflexión a la hora de superar la crisis: no se puede perder la costumbre tan nuestra, tan asimilada, tan castiza como es la de hacer la faena de la casa con el televisor de fondo, compañía excepcional a la hora de reposar el primer café.  

Ya ven ustedes, qué pensarán ahora esas alcobas perfumadas, esos pasillos remojados, esas ganas de tenerlo todo recogido antes de las diez de la mañana, evitando el qué dirán las visitas incomodas, si callamos a ese hilo de voz que se altera con cada eco de la sociedad.

Señoras, señores, hay que perpetuar la especie humana, y hay que dejar que ese circo siga dominando nuestras vidas; sin ellos, no seremos nada.










lunes, 6 de mayo de 2013

La rosa mas bella


Cuenta una vieja leyenda que las rosas rojas también lloran; aquellos que lo han escuchado dicen que es un llanto amargo, abatido, triste, y que se produce cuando uno de sus pétalos decide soltarle la mano para comenzar a volar lejos de su tallo.

Junto a ellos es donde arropa su fragancia, ese aroma que inunda el alma del aire; donde acuna por las noches los sueños, esos que se ocultan bajo el sol de media tarde; donde engaña a la luna cuando ésta se viste de trovadora, buscando de sus labios el reflejo con el que enamorarse.   

La leyenda que guarda sobre sus espaldas la rosa más bella del mundo esconde algo parecido.

Vino a germinar en esta ciudad a mediados del mes de mayo, y floreció entre plazas de abastos y manzanillas. Sus raíces crecieron a base de creer en sí misma, en una pequeña rosaleda donde la humedad se colaba por las ventanas, donde nunca hubo espacio para todos y donde su carácter se fue forjando en la fragua de la fe para que nadie jamás la pisoteara.

Su pequeño cuerpo está grabado por las cicatrices que dejaron en su piel las espinas de las ausencias, su voz recobra la alegría cada vez que oye las primeras palabras de un pequeño príncipe de ojos azules y siente el orgullo cabalgar por su cuerpo cuando osa despertar por las mañanas a la que en su día le devolvió la vida.

Una vida que últimamente algunos pretenden pisotear, algunos pretenden que se apague, algunos pretenden que no vuelva a brillar más, pero ella tiene fuerzas de sobra para dejarles bien claro que no fue flor de un día.

Como ven, me conozco bien su historia porque su destino es mi destino, porque su sangre es mi sangre, y porque este simple pétalo - reconvertido hoy en escribano- no pudo haber nacido de otra que no fuera la rosa más bella del mundo.

Feliz día de la Madre.


miércoles, 1 de mayo de 2013

Cuando pase el tiempo


         Ahora que al fin dejas que mi pena se pierda por las costuras del sueño, que la soledad de mi camarín arropa sin clemencia mis remedios y que el tiempo ha ido devolviendo lo que es suyo a cada dueño, ahora, precisamente ahora, antes de que la primavera apadrine los cielos de recuerdos, déjame que sea yo quien remate el final de este cuento.

Así que pasa, ponte cómodo, busca el mejor asiento, que lo tengo que confesarte son desgarros paridos a contratiempo.

A día de hoy me apena lo que sucedió. No paro de darle vueltas al descansar entre viñas, al descalzarme en mi templo; creí conocer todas las dagas que atraviesan el alma sin apenas mancharse su hoja, pero me enseñaste una nueva.

Tuviste una oportunidad para gritarle al mundo que tus murallas, que tu historia, que tus fronteras se rinden ante mis plantas, pero tu carácter, ese regalo que de vez en cuando abres con malicia, hizo que estuvieras mas pendiente de dibujar utopías en el aire que de disfrutar de Mí por las calles de nuestra ciudad.

Sabes mejor que nadie que mis caminos son inescrutables, pero este camino que juntos íbamos a recorrer estaría cargado de Luz, de Paz, de cuentas de un Rosario que aparcó el orgullo para que volvieras a Mí, pero una vez más te pudo la apatía y la pereza.

Y lo que más me duele de todo esto es que sigues sin entender nada por esa manía tuya de compararte con los vientos, de adorar los espejos de los demás, de querer no quererte; y como siempre, la que paga los platos rotos soy yo.

Te conozco desde años, y créeme que ya no puedo más con esa indiferencia tuya, con esa ganas de pisotearlo todo, con esa indolencia, con ese frio que no solo se refugió en la Alameda Vieja aquella tarde, sino que dejaste que circulara por tus venas cuando te colgaste el escapulario de mis consuelos sobre tu pecho henchido.

Llevas algún tiempo perdido, avanzando sin rumbo fijo, con el pie cambiado, desorientado.

Apenas vienes a verme si no es para pedirme, para rogarme, para suplicarme que interceda por ti para que te colme de salud, de trabajo, de suertes que sosieguen tu maltrecho monedero, y cuando yo salgo a la calle dejando atrás los lienzos de mi pena sobre cruces que esta vez no me pudieran dar sombra, miras para otro lado y pisas con soberbia el trabajo de los demás.

Me engalanaron para ti. Me perfumaron para ti. Me desvelaron para ti. Pero  a veces, ni las galas, ni los perfumes, ni los desvelos sirven para zarandear tu corazón de piedra, ese que late a destiempo cuando no se hace lo que dictan tus sentidos.

Y si eres así conmigo, como no serás para tus iguales.

Dejé atrás el tenebrismo de mi pena, fui a tu encuentro pero no estabas, me deje llevar por las quimeras de unos cuantos, con la certeza de que a pesar de todo me amabas, pero no estabas por la labor, no quisiste darme la cara; y ahora te crees con el derecho de sacar pecho y decirme a Mí como debería de haber sido.

Cuando pase el tiempo te darás cuenta de todo lo que entre lágrimas hoy te he ido diciendo.

Y ahora, déjame, vete por dónde has venido. Vuelve a dejarme a solas, con mis tristezas, con mis desvaríos, quiero llorar en silencio por cada una de mis culpas, por cada uno de mis hijos; y a ver si acaba este miserable año de la Fe y vuelves a creer en Mí como yo lo hago contigo.