lunes, 26 de agosto de 2013

Verdades


                       Decir la verdad supone asomarse a un espejo donde las aristas que nos empeñamos en ocultar, entre ropajes y maquillajes, quedan al descubierto ante el primer reflejo.  
En las últimas horas la alcaldesa de Cádiz ha mostrado una de estas aristas con sus declaraciones, y más de uno de por aquí se ha sentido ofendido y señalado por este comentario.
Teófila Martínez ha puesto ante los medios una realidad constatable,  cierta e innegable, faltándole tiempo al pueblo para levantarse en tuits en contra de ella, quedándonos, lamentablemente, en la punta del iceberg.
Todo aquel que tiene una cuenta en Twitter sabe que esta red social es gratuita. Pero también sabe -y así lo acepta-, que el soporte para disfrutar de él nos costó, nos cuesta y nos seguirá costando dinero, por mucho que el WiFi sea público o se lo estés robando al vecino.
Y a eso se ha referido la edil gaditana, al nivel de prioridades que le damos a las cosas; y como Twitter es muy chivato, no se puede estar llorando ante las injusticas sociales, ante el número de parados, ante la subida de impuestos,…  y estar a la vez de cervecitas y de farra con los amigos.
Lo que no es de recibo es que haya parados que se están aprovechando de la humanidad de Caritas y de algunas hermandades, y luego tengan para mantener un IPhone, irse al AguaPark un fin de semana y mantener a punto un coche de gran cilindrada.  
Si no me creen, la Vuelta al Cole está al caer.  Ya verán como todos esos que se han pegado unas vacaciones de lujo, utilizarán Twitter para lamentarse por el precio de los libros, de los uniformes, de los cuadernos,…
Cuando vean a uno de esos que rebuscan cada noche en los contenedores, pregúntele si tiene Twitter. Lo mismo tienen suerte y lo pueden hasta seguir.


jueves, 22 de agosto de 2013

Rezos a escondidas


Desde hace un tiempo a este parte, ando desquiciado por los nervios. Es mucha tralla la que llevo encima, y ellos se han aprovechado para meterse en mi estómago y no dejarme dormir, no dejarme pensar, no dejarme sosegar mis latidos.

A día de hoy, lo he intentado casi todo para que nos llevemos bien, y por ahora lo único que me calma es pasear por Jerez al caer el sol y teniendo como guía al suspiro del viento.

Así que a él encomiendo mis pasos y mis rutas nocturnas, a sabiendas de que se ha convertido en la tabla de salvación a la que me aferro desde hace once años, teniendo en cuenta que me puede llevar donde él quiera o disponga, siempre y cuando se detenga un instante ante el azulejo de la Virgen de las Angustias.

Una vez allí, busco el silencio de su compañía para silabear una simple oración; acaricio sus dedos para sentir el calor de sus lágrimas; atrapo el eco de sus palabras para seguir mirando a la soledad de lejos;…

Al marcharnos de aquel rincón, ambos salimos con los bolsillos repletos de calma y tranquilidad, y hasta los mismos nervios se serenan ante ese sudario rodeado de sillares. A ver cuánto me duran así.

Evidentemente no llega a ser la misma sensación que cuando la tengo delante en un besamanos o he ido a verla a su camarín, pero me sirve para darme cuenta de que la tengo presente en mis labios, y en mis labios es donde Ella se sigue haciendo presente.

Es una manera como otra cualquiera de buscarla, de pedirle ayuda, de alargar mi mano para que pueda agarrarme a todo su brazo.

¿Cuántos de nosotros no le rezamos a una estampa o nos encomendamos a una medalla que siluetea el rostro de Jesús?

¿Cuánto de nosotros no le pedimos a alguien que rece por nosotros, pues ya las fuerzas nos faltan para seguir albergando la esperanza?

¿Cuánto de nosotros no necesitamos ver para creer, tocar para sentir, escuchar para saber?

Sé que muchos me dirán que el verdadero Dios está dentro de la Iglesia, titilando dentro de un Sagrario y no en un dibujo sobre loza que pasa humedad en invierno y se hincha al llegar el verano.

Sé que muchos pondrán el grito en el cielo y querrán que salga a buscar a Dios donde ellos precisamente lo ignoran.

Sé que muchos callarán cuando yo les diga que no necesito tenerlo presente para hacerlo presente en mí,… pero creo en ese Dios que siempre que he ido a buscarlo me ha abierto las puertas de sus oídos sin ponerme ninguna pega, sin cerrarme ninguna puerta, sin circunscribirme a ningún horario.

Como cuando era estudiante y me encomendaba antes de un examen al crucifijo sin rostro que dormía sobre la pizarra; como cuando perdí el norte y bajo su mirada gitana me encontré; como cada noche hago cuando acaricio la medalla del Señor de la Salud pidiéndole salud para los míos;…


Rezar a escondidas, ¿quién no lo ha hecho alguna vez?

lunes, 19 de agosto de 2013

Pan y Circo.


Parecía que nunca iba a llegar, pero a este verano atípico y sudoroso le quedan escasas horas.
Las mentes pensantes de este país ya comienzan a respirar tranquilos por pasillos, televisiones y hemiciclos, prometiéndoles a sus propios cuellos que las corbatas que hoy les aprietan su poca vergüenza pronto volverán a servir como prendas decorativas.
Tenían la ardua misión de distraer al populacho español durante al menos dos meses, el tiempo justo que nuestro bien más preciado y exportable, el fútbol, tenía para tomarse un merecido descanso, ora para lamerse sus descendidas heridas , ora para ilusionarse con nuevas categorías.
Para ello se han devanado los sesos, cogiendo a un tal Bárcenas como cabeza de turco para que cuando estuviéramos en la orilla de la playa, habláramos de sus cuentas; subieron el recibo de la luz para que fuéramos mejores ciudadanos y no contribuyéramos al calentamiento global, refrescándonos solo con abanicos y revistas; y hablaron varias veces con el pobre de Urdangarín para que de vez en cuando recibiera el sólito una salve de aplausos, buscando siempre el glamour de la Corona.  
Nosotros, que ya venimos de vuelta, para no romperle las ilusiones a estos becarios de chorizo, hemos asentido con la cabeza, hemos disimulando nuestra postura, y hemos confirmado - riéndonos por lo bajini-, que cuando te dan el carnet de político, te adjuntan el de paleto, porque hay que ser muy torpe para pensar que con estas cuatro chuminadas íbamos a olvidarnos de nuestro sentimiento más mundano, más empático  y callejero.
Que alguien les haga saber a estos chavales que lo único que nos importa al llegar el verano es saber el día que comienza la liga, y que ni se les ocurra tocar un tornillo de nuestra saneada carpa, porque nos podrá faltar el pan, el aire y la dignidad,… pero este circo ni tocarlo.   

lunes, 12 de agosto de 2013

El Feng Shui



Tengo algunos amigos que cada vez que empiezan una nueva etapa en su vida la inauguran con un nuevo corte de pelo, se compran unos zapatos cómodos para seguir desgastando el camino o hacen borrón y cuenta nueva embadurnando todo su alrededor con lágrimas y clínex. Confiesan que es la única forma que tienen de limpiarse por dentro y por fuera.  
En mi caso, cada vez que necesito hacer tabula rasa con algún aspecto de mi vida suelo cambiar los muebles de sitio.
Después de diez años, sé de sobra con cual me dolerá la espalda tras desplazarlo y dónde se localizan los tornillos pasados y mohosos. 
Es algo que además de relajarme, de renovarme y de sosegarme, me permite girar la cabeza hacia atrás, desprenderme de aquello que ya no suelo utilizar y rebuscar el reflejo de lo que soy en los recodos de mis logros y mis fracasos: ahí es donde me doy cuenta de hasta donde he sido capaz de llegar.
Es lo que algunos chinos denominan el Feng-shui, un “ancestral sistema que se basa en la existencia de un aliento vital cuyo flujo se ve modificado por la forma y disposición del espacio, las orientaciones y los cambios temporales.”
Por tanto ahí radica el motivo para seguir rodeando mis latidos con el aliento de mis libros, esos compañeros de viaje que, de manera callada, siempre han estado a mi lado, bordeando mis días, velando mis noches, cogiendo polvo y humedad, y sin mostrarse nunca esquivos a acogerme entre sus brazos a través de sus letras.
Quizás por eso me resista tanto a sustituirlos por uno de esos e-books, por muchas prestaciones, títulos y pantallas anti reflejantes que me puedan ofrecer, puesto que las mudanzas durarían un suspiro. 
Y ahora yo me pregunto: ¿cada vez que mi madre me recogía el cuarto también estaba haciendo Feng-shui?


lunes, 5 de agosto de 2013

Se equivocó



               Se equivocó el de la Gaviota
               Se equivocaba.
               Por ser del Norte, y no del Sur,
               Por confiar en él y no en Bárcenas,
               Se equivocaba
               …
Sucedió el pasado 1 de agosto.
La canícula veraniega comenzaba de nuevo a asomarse por las ventanas de nuestra malherida Hispania, cuando el Presidente del Gobierno, ese buque insignia que navega por los mares de Europa con mano firme y germana, tuvo el detalle de mostrarse ante su pueblo para ponernos los puntos sobre las íes.
A sabiendas del día que era, cuentan las crónicas que se despidió de Elvira prometiéndole que “a eso del mediodía todo habrá acabado cariño. Pronto estaremos en el pazo de Doñana; estate atenta al móvil, y cuando te dé un toque, me esperas en la puerta”.
Dicho y hecho.
A eso de las doce la familia Rajoy se ponía en carretera, con la música del Kiss FM de fondo y el colmillo relamido de Mariano reflejándose en el espejo retrovisor.
Y mientras esto sucedía, el resto del pueblo español, ese que se tiene que agachar si ve un céntimo de cobre en el suelo para poder llegar a fin de mes, tiene que seguir chupándose el dedo ante sus mentiras y su poca vergüenza, quedándose con un fin de la cita como única moraleja de su comparecencia en público.
Para eso, señor presidente, mejor no haber venido.
Para eso, señor presidente, déjenos a solas con nuestra soga al cuello.

Para eso, señor presidente, vaya a un psicólogo y supere de una puñetera vez sus complejos de inferioridad y sus problemas de confianza en los demás.
Como ser humano, claro que se puede equivocar, y claro que puede rectificar, y claro que puede marcharse,…
Habría sido más rentable que se hubiese usted pasado por el plato del Sálvame y que se hubiera sometido al polígrafo; total, sus diputados le hubieran aplaudido igual.