domingo, 27 de abril de 2014

Los del croquetazo

         
  








                
 
                 Cuando las arrugas del tiempo se paseen por mi piel entre nostalgias y recuerdos, estoy seguro que sonreiré al pellizcar aquello que viví en la Semana Santa de este año 2014. 
Sin haber llamado a la puerta de nadie, sin haberlo buscado y, sobre todo, sin haberlo esperado, de un día para otro me vi envuelto en un programa de radio sin dial, hablando de cofradías con aquellos a los que desde siempre admiré en la distancia. 

Reconozco que me está costando asimilar que he formado parte de vuestros agobios, de vuestras miradas, de vuestros estropeados cables,.. y a mi manera, silenciosa y calladamente he aprendido un mundo de cada uno de ustedes. 

Espero que 
con el tiempo perdonéis mis errores, valoréis mis ilusiones yaceptéis mis palabras de agradecimiento; tenéis que entender que cuando en vuestras alforjas las experiencias se cuentan por años, en las mías se acumulan sólo por horas. 

Querido Andrés y querido 
Álvaro, gracias por tender vuestra mano a este simple escribano que de vez en cuando junta palabras para que su alma se desahogue.

Querido Andrés y querido 
Álvaro, gracias por confiar en mí cuando otros miraban para otro lado por miedo a mirarme a los ojos.

Querido Andrés y querido 
Álvaro, gracias por haberme aceptado tal y como soy, por haber hecho realidad el sueño que desde pequeño siempre acuné al llegar la primavera, y por enseñarme una Semana Santa diferente, distinta, desconocida.

He intentado apuntar todos vuestros consejos, todas vuestras enseñanzas, todas vuestras lecciones en mi viejo bloc de notas, ese que me acompaña a todas partes, y ojalá algún día me quede sin hojas… razón de que sigo al lado de los mejores.  

Ha sido un verdadero placer vivir a vuestro lado este guiño que el destino me tenía reservado. 
Os prometo seguir aprendiendo, os prometo seguir sintonizándoos.
De
 corazón, mil gracias!!! 

domingo, 20 de abril de 2014

En una semana...



    La Semana Santa de este año 2014 llegó a su fin y centenares de cofrades jerezanos -y no tan jerezanos-, guardarán entre recuerdos, estampitas y dolor de pies esta semana donde la lluvia ha tenido el detalle de no sacarse su papeleta de sitio.

Fue en el momento en el que los cuatro zancos del palio de la Piedad arriaron definitivamente su pena callada en la capilla del Calvario cuando todo se consumió y las agujas del reloj comenzaban a rondar las cuatro de la mañana.

A esa hora las fuerzas ya flaqueaban, y los rostros delataban cansancios en todos aquellos que buscamos a Dios y a su bendita Madre a través de la devoción de las maderas talladas y de los sentimientos que sólo un izquierdo, una saeta o una candelería encendida nos puede trasmitir.

Pero los que amamos esta forma de amar estamos hechos de otra pasta, y nos recomponemos con facilidad del golpe que supone abrir las puertas a la nostalgia.

Ya solo nos quedan 51 domingos para que todo vuelva a su sitio, para que la ciudad vuelva de nuevo a sentirse impregnada de inciensos y de azahares, y para que nosotros volvamos a vivir en primera persona aquello que no dejamos nunca de revivir en tercera.

Si no me entienden, déjenlo, pues esto que les cuento no es para explicarlo, sino más bien para sentirlo, para apreciarlo, para respirarlo.

En una semana los cofrades acunamos el todo y la nada de nuestra vida; nos rendimos ante la cera gastada y desabrochamos el nudo de las promesas; buscamos resquicios de lo que no somos ante un cortejo de imperfecciones y acariciamos el dolor de lo que somos en una despedida, en una espera, en una papeleta de sitio, en una lagrima ahogada, en una bulla,…

Y todo esto en una semana… ¿se imaginan que tuviésemos más tiempo? 


domingo, 13 de abril de 2014

La gran desconocida



           Escuché esta frase sobre el Teatro Villamarta hace un par de años en referencia a nuestra Semana Santa, ésta que hoy se llena de palmas y de ramos, y daría lo que no tengo en los bolsillos para que en un futuro esta frase desapareciera de mi mente. 

Si fuéramos capaces de vernos con ojos de forasteros… otro gallo nos cantaría, y sobre todo les cantaría las cuarenta a esos jerezanos-cofrades de a pie que en estos días de bulla, de inciensos y saetas sólo buscan graduarse 'Cum Laude' en el noble ejercicio del critiqueo y de tirar por tierra todo lo nuestro. 

Seguro que alguno de ustedes conoce a algún jerezano-cofrade de a pie, ese al que le encanta asomarse a la ventana de lo ajeno para admirar todo lo que venga de afuera mientras no es capaz de sacudir el polvo de su casa por miedo a enamorarse de su propia sombra. 

Al jerezano-cofrade de a pie le gusta ir a los actos sociales de la Cuaresma, tales como besamanos, funciones principales, el Pregón,… sólo para ver y ser visto. 

Y en estos días de pasión lo podrán encontrar en los palcos, aferrándose a la medalla que luce primorosa sobre su cuello cuando su Hermandad pase por Carrera Oficial, poniendo los puntos sobre las íes a todos sus hermanos en Cristo. 

Cuando un jerezano-cofrade de a pie nace, la matrona tiene que asistir a dos partos al mismo tiempo: el del jerezano-cofrade de a pie y el de su solemne e inmaculado pesimismo. 

El último ejemplo de esto que les digo tiene como protagonista el chaqué del pregonero… Tranquilo José María, el año que viene vamos a proponer que se dé el Pregón en la Pasarela Cibeles y que unos cuantos sordos aplaudan el mensaje que allí se pregone. 

Ainsssss… si te conocieran como yo te estoy conociendo.


lunes, 7 de abril de 2014

Pasen... y vean


           La otra mañana recibí una de esas lecciones de vida que no cabrían en los libros de texto de ninguna editorial por mucho empeño que éstas pusieran.

Sentados sin prisas en un banco de la Plaza del Arenal, tres jubilados hablaban de sus cosas con la sabiduría y la libertad que se acumulan entre las arrugas de sus manos, mientras algunas palomas sobrevolaban las cornisas de la fuente en busca de algo para desayunar.

En un cuarto de hora solucionaron la crisis, el paro, la cadera del Rey, los palcos de la Carrera Oficial,…

Tras escuchar algunas de sus respuestas reconozco que sonreí, y me di cuenta de que quizás ellos podrían ayudarme a entender cómo estaba respirando nuestra ciudad en estos primeros días del mes de abril.  

El primero me indicó que a Jerez el invierno le sentaba mal, que esta ciudad es más de terracita que de estufa.

El segundo me dijo que a los jerezanos nos gusta mucho mirar por las ventanas, y que cuando nos miremos en el espejo de nuestra grandeza nos daremos cuenta de lo grande que somos.  

Pero el tercero fue quien me dejó pensando un buen rato al afirmar que en estos días nuestra ciudad ansiaba perderse en la cintura de su musa particular, la Primavera, para poder seguir respirando.

Y es por eso que ante tal insigne encuentro -siguió diciéndome- los mandamases de esta ciudad se empeñan en darle un buen lavaito de cara a nuestras calles y barrios, asfaltando y repintándolo, podando sus centenarios árboles, limpiando los jaramagos de  la catedral,…

Iluso de mí le indiqué que yo creía que todo esto se hacía por la llegada de la Semana Santa, de la Feria del Caballo, del próximo Mundial de motos,… a lo que él me respondió:

-No hijo no, todo esto se hace por la llegada de la primavera.