domingo, 28 de septiembre de 2014

La del pueblo


            Colaborar en los medios de comunicación me está permitiendo subirme a una atalaya de privilegios donde oigo, veo,… y algunas veces guardo determinados silencios por temor a herir sensibilidades.

El problema viene cuando la sensibilidad herida es la mía; y cuando esto sucede, la sensación de vacío con la llego a casa es fría, desoladora y triste.

Y el pasado miércoles volví a sentir esa sensación danzar sobre mi piel.

Para cualquier cofrade, participar en la procesión de la Patrona de su pueblo debiera de ser un motivo de orgullo, de fiesta, de reconciliación con nuestra niñez y nuestras raíces.

Pero claro, si hablamos de Jerez -ciudad que se llama a sí misma “mariana”-, el problema varia… ya que asistir a una Novena es una pérdida de tiempo; donde a mitad de camino hay hermandades que se retiran del cortejo; donde se sortea por los grupos de whatshap qué miembros de junta son los “desafortunados” para representar a la hermandad; donde se llega a la Basílica con el estandarte al hombro como si fuera una sombrilla cinco minutos antes de que la procesión eche a andar por las calles,…

Me resulta triste que otras patronas cercanas sientan el latido sincero de su pueblo… mientras que la mía tenga que sentir que su día es una mancha en rojo en el calendario que se aprovecha para que vayamos a la playa… o como se hacía antes… pasar el día en Isla Mágica.

Sale la Virgen del pueblo a pasear su gracia por las calles de nuestra ciudad… y nuestra ciudad huye más allá de las fronteras que nos cobijan por que no sabe -o no quiere saber-, lo que guarda en el interior de ellas.

Y los primeros que huimos somos los cofrades…

Jerezana de tronío… vuelve a perdonar a este pueblo que vive constantemente en un eterno querer… y no poder…

domingo, 21 de septiembre de 2014

Allá donde estés


            Hace un par de días que te marchaste, y nuestra casa de Cristina aún conserva el aroma de despedida en el aire.

La luz de los cirios sigue temblando con lo vivido; el luto de Traspaso se está apoderando de las paredes; y las pisadas de tu voz se están acomodando en el filo de la entrada. 

A pesar de que las arrugas de mis manos empiezan a delatarme, uno nunca está preparado para escuchar ciertas noticias. Y la de tu marcha -cerrando los ojos para dejar de sufrir-, es una de esas que hace que el silencio abrigue miradas.  

Supongo que la abuela Teresa ya te habrá recibido con una copita de Jeré allá en el cielo, y que en breve estaréis hilvanando nubes y abrazos,… pero para los que nos quedamos aquí nos toca vivir momentos duros.

Entre ellos, desempolvar recuerdos, buscarte en cada besamanos, llorarte al no encontrarte en todos los actos que organiza nuestra hermandad,…

Son tantas las preguntas que se quedan en el vacío.  

Pero es que fuiste muy grande Carmen.  

Y siempre nos quedará tu nobleza. Tu entereza. Y sobre todo, tus ganas de comerte el mundo bajo una melena de dolores que -por el bien de todos-, ocultabas bajo una sonrisa morada.

Hasta para eso, la gente de Jesús somos especiales.

Y fíjate si fuiste grande -mi querida madre del nazareno-, que hasta el mismo Jesús pidió estar fuera de nuestra casa para no tener que soltar su cruz y llevarte de la mano en tu último adiós.

Allá donde estés… gracias por llevar como bandera el ser mujer jerezana.

Allá donde estés… gracias por haberme dado tanto sin apenas yo ofrecerte nada.

Allá donde estés… cuida de los tuyos -y de los míos-, desde la más hermosa balaustrada.

Y recibe -aunque sea tarde-, uno de esos besos que siempre querías que te regalara.    

sábado, 20 de septiembre de 2014

Invocación al Dulce Nombre de María 2014



Fue ante la niña de las rosquillas donde me vacié por ultima vez... donde me perdí para encontrarme... donde le pedí que no me dejara sólo a mi suerte...








domingo, 14 de septiembre de 2014

Vaciarse por dentro


             Cuando uno se vacía por dentro… al día siguiente el espejo de las dudas no tiene argumentos suficientes con los que alimentar los reproches.  

Si es cierto que el miedo, la incertidumbre y la inseguridad abrigan nuestros alientos justo antes de que nos acerquemos a ese precipicio de las verdades, cuando todo está dicho, o escrito, o entregado,… la verdad es la que se refleja -por sí sola- sobre el filo de ese precipicio.

Y créanme, cuando uno tiene la suerte de ver de frente el latido de esa verdad, siente mucho más que mil sonrisas cabalgar por los nervios de la piel.  

Me gusta pensar que la gente que me rodea suelta todo lo que sus adentros guarda en las alcobas de su ser, y que en una simple mirada, en un simple gesto, o en una simple palabra se van desnudando para que juntos podamos seguir caminando sobre centenares de rosas y afiladas alambradas.

Yo suelo vaciarme en cada artículo que escribo, en cada abrazo que doy, en cada mensaje que encierro en botellas de pellizcos para que los demás me lean, me sientan,… o simplemente… me ayuden a ahuyentar los miedos de mis cicatrices.

Y la noche del pasado jueves, en una Basílica a oscuras, con la mirada más Dulce que una Madre puede dibujar junto al escarnio de una pasión, sentí que mis miedos se quedaron a dormitar en el postigo de la puerta.

Intenté ser yo, desde los primeros nervios.

Reconocí huellas perdidas que andaba buscando desde hace tiempo.

Y lloré -creo que de felicidad-, al percibir como el mismo aire quiso estar ese día arropando a este erróneo ejemplo.

Me vacié sobre un atril mercedario; me vacié buscando algo más que una salva de aplausos; me vacié buscando la mano más humilde que respiraba en aquel templo.


De corazón, gracias por reflejaros en mis espejos. 

domingo, 7 de septiembre de 2014

Manos alfareras...


         Hace poco volví a abrazar las manos de un alfarero.

Eran rudas, con las arrugas del pasado bordeando los límites de su  piel y, -aunque cansadas-, llenas de aliento; las estuve observando un rato, y sentí que aún tenían fuerzas de sobra para seguir creando vida.

Es un oficio varado en la memoria, sencillo, paciente,… donde sólo interviene el barro y el agua.  

De un trozo de masa son capaces de generar recuerdos que colgarán del alero de la eternidad.

Y en cierta forma eso es lo que miles de educadores de la etapa de Educación Infantil van a sentir cuando el curso eche a rodar en pocas horas. 

Sé por experiencia que la primera visita a una clase de infantil es dura, no sólo para los más pequeños, sino también para estos docentes que suplen con cariño, con paciencia, con serenidad… todas las carencias y las envidias de esta sociedad que nos ha tocado en suerte.

Y tienen en la ilusión de un trabajo bien hecho el aliado perfecto para cumplir con su cometido.

El profesor de la eterna sonrisa amasará -en el tiempo-, ese barro que apenas levanta un palmo del suelo y que llega hasta las aulas con una maleta más grande que sus huellas.

El profesor de la eterna sonrisa  -desde la primera mirada-, anclará todo un mundo de emociones a un corazón sobresaltado y aun con miedo a latir por sí sólo.

El profesor de la eterna sonrisa -arropado en sus batas blancas-, harán que sus sueños puedan ser perseguidos.

Reseguirán sus llantos; harán que los colores y las formas del mundo tengan sentido; inventarán paisajes y personajes con los que puedan jugar cuando duermen; construirán ilusiones a partir de los puentes de la imaginación; regarán las raíces donde sus pies crecerán el día de mañana;… 

Háganse un favor… y confíen -de corazón-, en esas manos alfareras.