domingo, 30 de noviembre de 2014

Diciembre


En un par de horas comenzaremos a tachar los días que conforman el último mes del año, y podremos mandar al olvido este mes de Diciembre que comienza a rodar entre zambombas y villancicos.

Diciembre encierra en sí mismo caminos que cada año vuelven a hacerse con agua, viento y frio -como los de estos días vamos-; es el mes que Jesús decidió para venir a salvarnos y es el mes donde la ilusión se arremolina en torno a niños… y no tan niños.

Es el mes de las manos en los bolsillos, de los chaquetones gordos, de los paraguas y las bufandas; de los guantes de lana, de las botas altas, de los calcetines envolviendo la parte de abajo de los pijamas para dormir y coger pronto el calor de las sábanas.

Es el mes del consumismo -esa misteriosa mano que se apodera de nuestras carteras-, del bullicio en las grandes superficies y del ruido estridente en el  centro, de la nostalgia en forma de ausencia; es el mes de pensar y repensar los gustos de los que tenemos a nuestro alrededor y es el mes de acertar -o adivinar- las tallas de camisas, pantalones,…

Es el mes donde brindamos para alcanzar nuestros propósitos, donde nos  abrazamos con una copita de Jerez en la mano y donde abrimos el corazón para que éste se airee de envidias y rencores.   

Es el mes donde unos ansían regresar a casa, donde otros se emocionan al recordar tiempos vividos, donde todos sentimos un poquito de humanidad cabalgar por nuestras venas.  

Diciembre encierra entre sus repelucos la bondad que aún le queda al ser humano, aunque sea mal disimulada y mostrada a cuentagotas.

Y diciembre encierra entre sus costuras esa pincelada que Dios puso en la tierra…ese pañuelo de verde Esperanza… ese bálsamo con el que muchos  aliviamos nuestras penas…  


Bendito diciembre… no te me hagas eterno…

domingo, 23 de noviembre de 2014

Maldito parné...



Dejando a un lado mi apatía generalizada con todo aquello que tenga que ver con la Navidad -exceptuando algunas zambombas y los roscos de mi madre-, el anuncio de este año de la lotería es cojonudo.  

Es absurdo en sus formas, pero es cojonudo en su contenido.

Cuanto más lo veo menos me gusta. No me creo la escena. No me trasmiten los actores. Y la historia en sí no hay por donde cogerla.

Pero si te pones a pensar con calma en el mensaje que nos quieren trasmitir los publicistas este año, el mensaje en sí es una guantada sin manos, pues nos están dejando muy a las claras que todos somos unos materialistas.

Y nos lo dicen de una manera sutil, a plena luz del día y en estas fechas tan señaladas para las carteras y para la hipocresía.    

Todos somos como ese hombre que pasa de la desolación a la felicidad absoluta al saber que su cartera va a rebosarse de dinero.   

Todos basamos nuestra ilusión en estos días en una quiniela, en un cupón, en una participación de lotería,… en la idea mundana de conseguir dinero rezándole a la suerte para seguir tirando pa´lante.

Todos somos materialistas por naturaleza, porque la naturaleza de estos días nos hace pensar, sentir, vivir así.

Llevamos esta forma de actuar en la masa de la sangre; al igual que a renglón seguido, cuando vemos que la suerte una vez más es esquiva con nuestros deseos florece en nosotros mismos –y en los demás- el consuelo de tener salud.

Ya saben, mal de muchos…  

Lo de compartir con el prójimo, el vecino, el compañero de acera… ya es harina de otro costal porque el egoísmo y la educación  que cada uno recibe influye a la hora de tomar ciertas decisiones.


Quizás este año tenga suerte y os cuente si la comparto, o no.  

domingo, 16 de noviembre de 2014

El boom Ojeda


A veces resulta curioso ver cómo laten algunos corazones tras los muros de esta ciudad.

Al jerezano de pro -desde que nace-, se le cae la baba con aquello que viene de afuera, sea lo que sea aunque estemos delante del disparate más grande y absurdo del mundo… y pisoteamos con ahínco y rencor aquella cabeza que lleva nuestra sangre por el simple hecho de destacar un poquito entre la multitud.

Es la cruz que llevamos adosada a nuestra penitencia.

Y la envidia… ese manjar que algunos mastican desde chico.

El último ejemplo lo está viviendo en sus carnes uno de los nuestros que lleva por bandera -allá por donde va- la tierra que le vio nacer… gracias a sus videos, sus golpes en la mesa y a sus iniciativas a través de las redes sociales.

Se trata de Álvaro Ojeda.

Al escucharlo, no esperen tratados científicos en sus exposiciones o revolucionarias teorías que nos expliquen el porqué de la vida… ya que se trata sólo de un chaval que nos cuenta -a su manera, con su forma de hablar, y amparado en su libertad-, cómo él ve las cosas.

Álvaro, ahora que tienes seguidores que se cuentan por miles; ahora que todos te buscan, te llaman, te cuentan,…; ahora que eres un reclamo porque sales en la tele y eres famoso… hazte un favor: no desancles los pies del suelo.

Aprende la lección y asume que en nuestra tierra no puedes ser profeta,… y menos con el evangelio que intentas difundir, ese que se basa sólo en tu verdad, nada más que en tu verdad,… y simplemente en compartir tu verdad.

Arrancar sonrisas y malestar a partes iguales no está al alcance de todos, por eso quizás ningún medio local se está haciendo eco de este boom que has creado.  

Aun así, no dejes de seguir trazando tu camino…  

domingo, 9 de noviembre de 2014

Marionetas sin libertad


Siempre he mantenido la teoría de que en algún enclave estratégico de nuestro planeta -de manera aislada y a prueba de paparazis-, un grupo reducido de elegidos manejan el mundo que usted y yo conocemos a su antojo, decidiendo desde cuándo cambiar la hora de los relojes, encender la estufa, o el primer anuncio del año,… hasta la elección de las diferentes cortinas de humo con las que entretenernos por las tardes.

Constato así que ciertos humanos no dan puntada sin hilos, sobre todo aquellos que elaboran con astucia y simpleza estas cortinas con las que somos incapaces de ver realmente lo que sucede a nuestro alrededor.

Hace unos días que erradicamos el Ébola de nuestros desayunos, y antes de que nos diéramos cuenta, estas mentes pensantes ya tenían para nosotros otro tema de preocupación, y otro motivo para cabrearnos con la vida: el dichoso doble check del whatsApp.

Previamente habían estado tanteando el terreno con la Pantoja y su entrada en prisión, con la imputación de la que fuera Infanta de España, con la intención de voto a favor del coleta de Podemos,…   y al final han optado por este llamamiento a la cordura social que no es otro que el de saber que tus conversaciones han sido finalmente leídas.

Me hago cargo que el pensamiento que hoy comparto es raro y rebuscado, pero así ha pasado siempre… y me temo que así nos seguirá pasando eternamente.

Porque por mucho que creamos y queramos cambiarlo, somos presos de los grilletes que esta sociedad nos ofrece desde que nos invitan a respirar un aire viciado y manipulado por manos poderosas que juguetean con los hilos de nuestras dañadas muñecas a su antojo.

Cuanto antes aprendamos a vivir con esta libertad marcada entre fronteras, antes valoraremos las cosas simples e importantes de la vida.

Desde hoy yo me propongo hacerlo… ¿cuento contigo?


domingo, 2 de noviembre de 2014

¿De qué sirve...



                      Asomándome a esta ventana desde donde diviso el mundo, hoy me asaltan ciertas dudas…

¿De qué sirve escuchar el perdón del Presidente del Gobierno, si a renglón seguido vemos cómo se acomoda en su asiento con la sensación de que él también nos está robando, engañando, traicionando,…?

¿De qué sirve la oposición a este Gobierno que tenemos, si su proyecto para gobernarnos se basa en el manoseado y cansado “y tú más”?

Y las nuevas alternancias políticas… ¿sirven para algo?

Ustedes seguid así chavales, que ya veréis cómo nos vamos a descojonar todos cuando lleguen las urnas…  

¿De qué sirve buscar a Dios -en las maderas del arte o en el prójimo-,… si Éste está haciendo oídos sordos a nuestras súplicas, desvaneciéndose más si cabe nuestra esperanza y nuestra fe?

Quizás no fue tan buena idea esa de crearnos a su imagen y semejanza…

¿De qué sirve sentirse uno consigo mismo buena persona… si tal y como el mundo va caminando lo que te entran ganas es de masticar el mismo veneno que mastican aquellos que por norma general pisotean cabezas a sabiendas de que jamás les va a suceder nada?

Hay gente que nacieron con esa suerte…

¿De qué sirve tener miles de amigos en las redes sociales si luego no somos capaces ni de mirarnos a la cara cuando nos cruzamos por la calle; no somos capaces de compartir una cerveza con el vecino; o no somos capaces de dejarnos llevar por lo que el destino quiera que nos dejemos llevar? 

¿De qué sirve estudiar, esforzarse, pasar noches en vela ante cientos de apuntes,… si luego los requisitos que te piden para trabajar no tienen en cuenta tu ilusión, tu compromiso, tu valía,…?


Y una última pregunta que me hago antes de tomarme un ibuprofeno para el dolor de cabeza… celebrar Halloween en la baja Andalucía… ¿Sirve de algo?