domingo, 28 de diciembre de 2014

Pinte su realidad


                       En el trascurso de estos días no solo sacamos del armario los abrigos y las bufandas para protegernos del frío, sino que también rebuscamos entre los cajones de nuestras cinturas eso que se llama humanidad.

Humanidad… esa palabra que deberíamos de aprender de pequeño en las escuelas, en las calles, en las reuniones familiares,…

Humanidad… esa palabra que al escucharla en la boca de otros nos hace asentir con la cabeza, como el eco de algo lejano.

Humanidad… esa palabra donde la h lleva el pecado de ser muda, dejando que sus gritos se ahoguen de soledad al verse reflejada ante los espejos de la cruda realidad.

Pinte usted esta realidad como quiera pintarla,… que siempre habrá alguien detrás para con su historia poder superarla.

Y al llegar las Navidades, la realidad se supera con cruces; sobre todo con  personas expertas en utilizar la palabra humanidad para envolverla a su antojo, pintando así un retrato de ellas mismas bajo la certeza de que así serán mejores personas.

¿Quieren un ejemplo de cómo se manosea la palabra humanidad en estos días?

Mire su móvil y compruebe cuánto mensajes ha recibido con la excusa de felicitarles las Pascuas de personas que apenas respiran a su lado.

Un copia y pega en toda regla que hacemos para quedar bien con todo el mundo; para que el qué dirán sobre nosotros mismos sea menos violento; para acabar el año con una pátina de buenagente que no se la cree nadie.

De este fenómeno social no se libra nadie, ni siquiera me libro yo.

Al menos a mí me queda la conciencia de que mis mensajes enviados este año están dirigidos a personas que estimo, que aprecio y que quiero.


Si entendiéramos de verdad el significado de la palabra humanidad, de seguro que este mundo iría mejor, sobrándonos la mitad de estos mensajes para ser felices.

domingo, 21 de diciembre de 2014

Infinidad de recuerdos


                  Tu corazón dejó de latir el día de la Esperanza, y desde entonces tu nombre brilla con luz propia en el bolsillo de mis ausencias.

Fíjate si eras especial, que hasta para marcharte escogiste el día más bonito del calendario, dibujándose desde ese momento en mi cabeza infinidad de recuerdos tuyos.

Comidas en Sanlúcar, historias del banco, miradas de complicidad,…

Recuerdo las veces que iba a saludarte al llegar a tu casa, y te encontraba sentado en tu butacón azul, rodeado de esos papeles que eran tu mundo y tu refugio; recuerdo lo mal que lo pasé en aquel primer viaje a Mérida,… y recuerdo lo mal que lo pasaste tú en el que hicimos juntos a Granada porque querías conocer dónde estaba estudiando el novio de tu hija; ainsssss si el asiento de mi coche hablara…

Me quedó pendiente el que me enseñaras a hacerme el nudo a la corbata; la verdad es que nunca quise aprender porque me gustaba que me los hicieras tú.

Soy el menos indicado para hablar de ti, pero necesitaba darte las gracias por todo lo que me has dado, por todo el cariño y la confianza que me diste, y por darme siempre un lugar al lado tuyo… hubo momentos en que supliste -sin darte cuenta- al padre que desde hace años me falta.

Quizás por eso nos bastaba un silencio para comprendernos… 

Permíteme que desde aquí te pida perdón por las veces que te he fallado, por las veces que no estuve a tu lado, por las veces en las que el egoísmo hizo de las suyas; has cerrado los ojos, y tengo la espina clavada de no haberte dicho adiós en persona.

Paco, que duro se nos va a hacer la vida sin ti ahora.

Allá donde estés, échanos de vez en cuando una miradita, y descansa en paz.


Un fuerte abrazo.

domingo, 14 de diciembre de 2014

¡Qué bonita estás...!


Es lo que siento al vivirte en estos días… y tenía ganas de gritarlo en esta columna para que los vientos se encelen al rodearla…  ¡Qué bonita estás…!

Te lo digo a ti -sisi-, a ti, a Jerez, a este trozo de tierra que llevo cosido sobre mis entrañas y que me duele cuando sufres, y que me haces feliz cuando te pones el mundo por montera.

Por montera… ese debería de ser tu apellido, y dejar a un lado ya el de frontera, porque en estos días hasta esas piedras centenarias se rinden ante las hechuras de tu presencia.

Me acerque a verte de cerca o lo haga desde la distancia, llevas unos días desprendiendo un aroma a barrica de compás y de duende, a latido hilvanado entre yunques y fraguas, a repeluco de ausencias, de nostalgias y de recuerdos que saben a bendita gloria.

Desde por la mañana a la tarde, vas dibujando en el aire todo un arco iris de sonrisas que no hacen otra cosa que endulzar de pellizcos los lunares de tus costuras.

Y es que esperas estos días para arrancarnos abrazos, brindis, lágrimas; para que te busquemos con la excusa de sortear al frío; para que con orgullo levantemos la cabeza y pronunciemos la gracia de ser jerezanos… sólo porque tú así lo has querido.  

Por eso hay tanta gente por todos sitios, inundando con sus pisadas los rincones de un centro que -día a día-, se va convirtiendo en un portal de belén viviente, donde cada uno de nosotros  -en nuestro zurrón de ilusiones-, vamos elaborando el mejor de los regalos para ofrecérselo no solo al Niño Dios que está a punto de venir,… sino a todo aquél que nos acompañe en nuestro caminar.


Escúchame Jerez, la Navidad te sienta bien,... ojalá te des cuenta de lo que vales de una vez por todas…

Foto: Esteban Pérez Abión

domingo, 7 de diciembre de 2014

Mea Culpa



Pasan los días y las dos palabras que abren este artículo se están quedando atrofiadas en el olvido de la memoria.

Significan literalmente… “por mi culpa”, y se aplica -o se aplicaba- cuando una persona asume un error, reconociendo públicamente que se ha errado, que se ha cometido un desliz, que se ha estado desacertado.

Desde nuestra barrera de ciudadanos, pedimos ejemplaridad a los políticos, a los deportistas, a las artistas de la copla,… y nos indignamos si algunos de estos personajes no se inmolan ante nuestros televisores ante una mala gestión, una falta mal lanzada, o una pasión mal encauzada.

Pero,… y la gente normal, las personas que ajustamos el dinero desde el día veinte de cada mes, personas como usted y como yo que no estamos sometidas al foco de la trasparencia ni ostentamos cargos públicos, ¿no cometemos errores?

Y de cometerlos… ¿lo asumimos como tal?

Créanme que no es tan difícil levantar la mano, reconocer un traspié y ampararse en la humildad para seguir creciendo; probablemente ese tropezón nos vendrá muy bien para seguir caminando.

Un ejemplo de esto que les cuento lo tenemos entre el gremio al cual pertenezco: los profesores.  

Si disfrutamos de puentes y vacaciones, la culpa es de la administración, que vela por nuestra salud y estrés.

Si no somos capaces de adaptarnos a la realidad de nuestras aulas, la culpa es de la sociedad y sus malditos avances.

Y si los resultados académicos de su hijo son bajos, tranquilos, que probablemente la culpa la tendrá usted como padre o como madre -si están separados…ahí tiene la raíz del problema-; o la tendrán los abuelos, los hermanos mayores, Cristiano Ronaldo; o los celos, la pubertad, el internet, los primeros amores,…

Menos el docente, todo lo que nos rodea puede ser culpable.


Ainssss, entonemos de vez en cuando el mea culpa…y dejemos la perfección para otra vida.