domingo, 27 de diciembre de 2015

Tu mayor creación..


             Un año más la Sagrada Escritura del nacimiento del Hijo de Dios se ha cumplido; hace un par de días, en un portalito de Belén oscuro y llenito de telarañas, María daba luz al Salvador de la Humanidad

Y lo hacía en una noche de Nochebuena, a pesar del empeño de unos cuantos en pisotear la esencia de esta fiesta del calendario. 
   
A estas horas, me imagino que San José ya habrá arreglado las ventanas para que el relente de la tarde no siga haciendo de las suyas y la Virgen María -ya recuperada del parto-, de seguro que andará guardando silencios de dolor por las esquinas del horizonte.

En breve, sus Majestades los Reyes Magos de Oriente seguirán el camino de una estrella para postrarse ante un pesebre de madera y presentar oro, incienso y mirra como regalos con los que la humanidad da la bienvenida al Rey de Reyes, pero querido Jesús, tú no te fíes…

No te fíes de esta costilla podrida esculpida a tu imagen y semejanza,… pues con el tiempo se ha alimentado de los vicios más mundanos que existen sobre la Tierra.  

No te fíes del Hombre, pues por nuestras venas recorren todos los pecados capitales de la humanidad, y a cada paso que damos demostramos nuestra soberbia, nuestra avaricia, nuestra pereza,…

No te fíes de esta figura de barro, pues por nuestras miradas se agolpa la envidia, ese veneno que hace que juremos en arameo cuando vemos que a los demás la vida empieza a sonreírles y dejamos así de perseguir nuestros sueños.

No te fíes de un ser que no tardará en traicionarte, que apenas quiere saber de Ti, que muy pronto te venderá, te escupirá, te vejará, te abofeteará… y que atravesará el costado de tu bondad con su maldita y denostada prepotencia.

Querido Jesús, no te fíes de tu mayor creación…


jueves, 17 de diciembre de 2015

Romance a la Esperanza


En una esquina de mi alma
anclada por los recuerdos
entre cortinas azules
y mil tiestos de por medio
se alza en silencio la reina
de los fríos del invierno
la de la dulzura eterna
la del susurro del viento
la que quita sinsabores
al trébol de los aciertos
la que arropa las promesas
con costuras de remedios
la que de noche camina
por la orilla de los sueños
la que sirve de inspiración
al preso de los acentos
la que da los buenos días
al más loco de los cuerdos
la que provoca locuras
que se reflejan en versos.

  
Ella siempre se encuentra ahí
con el pecho descubierto
las lágrimas ensartadas
los ojos zanjando entuertos
dispuesta a escuchar palabras
que atraviesan los desiertos
los arroyos, las montañas
los barrancos y los puertos…
y que al sentir su mirada
sosiegan todos los rezos.


Ella siempre se encuentra ahí
recogiendo desalientos
los que voy catalogando
por los pasillos del tiempo
los que consumen mis fuerzas
los que me queman por dentro
aquellos que me hacen llorar
secar penas como diezmo
hundir mis pies en el barro
y mi dolor en asedios.


A Ella

A Ella le revelo todo
sin dobleces, sin misterios.
A Ella le confieso todos
los ecos de mis silencios.
Con Ella comparto todos
los bordes de mi universo…
desfilando por mi boca
una cascada de nervios
cuando se desata el llanto
en un banco de su templo
y veo en la lejanía
cómo agonizan tormentos.


Porque Ella le da sentido
al suspiro de los besos
al pellizco en las entrañas
a las llamas del infierno
al principio de la vida
al ocaso de los huesos
al renglón equivocado
a los amores eternos
a los que penden de un hilo
a los abrazos maternos
a los que tienden la mano
a los que apagan incendios
a los que cosen heridas
a los que no tienen dueño
a los que envuelven sonrisas
a los latidos pequeños
a las respuestas vacías
a los que hilvanan empeños
a los que narran leyendas
a los que emprenden regreso
a los que envían recados
más allá del firmamento...
y a los que no entienden que Ella
es la luz y el alimento
de este simple junta letras
de este negado talento
que encontró en la Esperanza
-bendito fue aquel encuentro-
el motivo para vivir
y el final para sus cuentos.


Foto: Fran Silva


domingo, 13 de diciembre de 2015

Salgan a buscarla...


             Hacía algunas décadas que sus huellas no pisaban nuestra tierra cuando la hoja del mes de diciembre comienza a despedirse de la alcayata de la pared.

De vez en cuando el destino traza renglones no solo torcidos, sino difíciles de entender. 

Así que bajo otros atardeceres, formó una familia, adoptó otra bandera y dejó que las lágrimas se confundieran bajo el acento de otro idioma. 

Pero una mañana, masticando nostalgias cerca de la línea del horizonte y recordando cómo suena un compás de repelucos, hizo una maleta de abrazos y añoranzas para volar hasta esta ciudad sin fronteras que jamás quiso borrar de sus pensamientos. 

Pero al llegar aquí, vio que aquel sitio donde sus dientes echaron a correr y sus primeros besos fueron robados al aire estaba muy cambiado, muy distinto, muy raro. 

Al perderse por las calles del centro, comenzó a sentirse como un forastero al que sólo le faltara un mapa y dos parchetones de color rojo en la cara para no perder el norte de su visita, haciéndose mil preguntas sin encontrar respuestas convincentes.

¿Qué le estaba pasando a esta ciudad que galopaba por las entrañas de su orgullo?

¿Por qué estaba enquistada en la desidia, en la dejadez, en el pasotismo,…? 

¿Cómo era posible que cuatro adornos de navidad mal puestos pudieran con las ganas de acoger la llegada del Hijo de Dios, ese que de una manera u otra se cuela en los latidos del frío y que da sentido al espíritu de la Navidad? 

Pero entonces, escuchó una zambomba, un almirez y una pandereta de palmas entonando villancicos en torno a una fogata de caminos, de roscos y de pestiños,… y suspiró al ver que aunque muchos no lo acepten, la verdadera navidad se vive al margen de decorados, de luces, de pista de hielo,…

Así que rebusquen en su interior… y salgan a buscarla…

            


domingo, 6 de diciembre de 2015

Guiños del cielo


Cada uno de nosotros guarda en los dobladillos del día a día unos cuantos guiños que nos hacen enfrentarnos a la vida como una gran aventura que merece la pena vivir.  

Son de esos guiños que el cielo de vez en cuando nos regala.  

Llegaron un buen día hasta nosotros para cumplir con la letra pequeña del destino,… o bien fue nuestro destino quien nos los puso a la verita de nuestras huellas para ir de la mano deshojando hojas del calendario.

Pasado un tiempo, esta cuestión carecerá de importancia.

Porque son de ese tipo de guiños que siempre están ahí, bien a través de un mensaje, bien a través de un comentario, o bien a través de un saludo envuelto en sonrisas envueltas en alegrías.

Son guiños que se acercan hasta nuestras cinturas con la mirada limpia, con el colmillo sin envolver en envidias, con la intención de no pedirnos nada a cambio,…

Son guiños que no te despellejan por la espalda, que no te hacen el vacío, que no te utilizan para acrecentar sus egos,…

Son guiños que no te juzgan sin antes buscarte los ojos, que no pisotean tus silencios, que no escupen sobre tu nombre,…

Más bien su misión en nuestra vida es todo lo contrario, ya que son guiños que se ofrecen en cuerpo y alma para sacarte una sonrisa, para ahuyentar tus miedos, para animarte cuando las heridas vuelven a abrirse por el paso del tiempo,...

Son guiños que te tienden la mano cuando el precipicio de las dudas perfila horizontes,…

Son guiños que cosen de humanidad las piedras del camino, y con su fuerza, entusiasmo y alegría soplan las velas de nuestros proyectos de futuro.

Una parte de mis guiños la conforman la amistad de mi amigo Mata y la de mi amiga Helen, dos guiños que hacen más grande si cabe al cielo de donde ambos vienen.


De corazón, gracias por estar siempre ahí…

domingo, 29 de noviembre de 2015

Buhoneros on Tour



                Desde hace un par de semanas, la búsqueda del voto por parte de los grandes líderes políticos de este país ha dado comienzo, abriéndose de esta manera una carrera de fondo donde los veremos reír, confundirse con el pueblo llano y hasta llorar si la ruta a seguir así lo establece.

La campaña electoral ha comenzado, y está en juego no sólo el presente de este país, sino las llaves del adosado de Moncloa.

Ya se han colado como buitres carroñeros en diversos programas de ocio y entretenimiento, refugios a los que la gente normal acudimos para aparcar los problemas por un rato y que por ganar datos de audiencia prestan sus focos a estos personajes sin escrúpulos.

Así, el presidente de este país ha comentado un partido de fútbol en la radio -amén de darle una colleja a su hijo-; el líder de la oposición se ha sentado en el diván de Bertín Osborne para desgranar lo dura que ha sido su vida;… y los nuevos aspirantes andan babeando por todas las cadenas en busca del indeciso perdido.

Pretenden  “acercarse al público y humanizarse”, pero he dejado de creer en ellos, en sus palabras, en sus promesas, inclusive en las mentiras que disfrazan entre maléficas sonrisas.

Porque cuando ganan elecciones, se olvidan de aquella vecina a la que le prometieron arreglarle el techo apuntalado de su cocina.

Porque cuando llegan al poder, ignoran a aquellos padres de familia a los que le prometieron una ayuda, un trabajo, un motivo para seguir luchando.

Porque cuando son los que mandan, dejan las fronteras abiertas para que miles de jóvenes tengan que colgar sus ilusiones en la mesita de noche de una casa en el extranjero.

Abran bien los ojos y no se dejen engañar por estos charlatanes de feria que -por un voto-, son capaces de envenenar a su propia sangre.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Cajas de cartón



Desde pequeño se empeñan en repetirnos que la vida es maravillosa, que apenas son dos amaneceres y que tenemos que ser nosotros mismos a cada segundo, a cada instante… porque si no, la propia vida se nos escapa de entre las manos.

Pero por desgracia algunos días respirar cuesta mucho trabajo. 

Cuesta porque la vida es el alambre por donde caminamos los seres humanos, y no hay peor huella en este mundo que la de la propia humanidad.

Cuesta porque tendemos a pisotear la cabeza del prójimo cuando el miedo se alía con la envidia y los reproches.

Y cuesta porque no sabemos pedir perdón, ni agachar la cabeza, ni reconocer nuestros errores,… y el tiempo va enquistando en humedades los cerrojos del orgullo.

Pero a pesar de todos estos desencantos, hay momentos que merecen la pena vivir.

Son aquellos que caben en una caja de cartón, como el primer beso robado de la persona que amas, como la mirada de tu padre la primera vez que te caíste de pequeño, o aquel abrazo eterno  que te dieron tus amigos cuando la soledad jugueteaba con el frío de las noches.

Es en esa caja donde cada uno de nosotros va guardando las canciones que más nos hacen sentir, las inquietudes con las que rellenamos nuestro tiempo libre, los suspiros que pocas veces van a parar al fondo del mar.

En las esquinas de esa caja, algunos sueños van cogiendo polvo al quedarse rezagados,… y otros son tan grandes que hay que cambiar de caja para poder guardarlos.  

Habrá papeles con fechas, agendas repletas de tachones, libros pendientes por leer; cicatrices que jamás supurarán, espejos que apenas queramos mirar, mensajes imposibles de olvidar; habrá fotografías ausentes, rezos y secretos confidentes, lugares pendientes de visitar;…

Y habrá olores, sensaciones, nostalgias; consejos, sonrisas, lágrimas; versos, poemas, palabras;… 

Y ahora dime ¿tú qué guardas en esa caja?

domingo, 15 de noviembre de 2015

No hay derecho



El derecho a la Vida es el derecho fundamental que tiene todo ser humano a que se respete su existencia, independientemente de cual sea su raza, su credo, su religión,… y que sólo debería perderse por causas naturales o accidentales.

¿Alguien me puede explicar qué hay de natural o de accidental en lo que ha sucedido hace unas horas en París?  

Porque no hay derecho a que unos asesinos cobardes enarbolen la bandera de su Dios para sesgar la vida de cientos de inocentes que no tienen culpa de que el desprecio por la Vida camine entre renglones y alaridos torcidos.

Porque no hay derecho a esta matanza humana, a esta barbarie, a este salvajismo irracional donde se demuestra una vez más que el hombre es un lobo para el propio hombre y el devenir de su propia existencia.

Porque no hay derecho a que las palabras se queden mudas, a que las imágenes carezcan de sentido, a que el dolor y la sinrazón se den la mano y juntas extiendan la alfombra roja del miedo,… otra vez el maldito miedo.  

Un miedo que muchos de nosotros sólo conocemos de oídas, pero que existe, vive alojado a la vuelta de la esquina y se ha paseado por la piel y los ojos de aquellos que han podido esquivar las garras de la muerte.

No hay derecho a tener una cicatriz así cosida de esta manera a la memoria.

No hay derecho a enterrar a un familiar sin ni siquiera saber el dónde, el cuándo, el por qué su corazón dejó de latir.

No hay derecho a que esta sociedad haya perdido el norte y se tenga que jugar sus cuartos ante fanatismos, ante terroristas, ante preceptos que sólo dejan entrever rencores, inquinas y gangrenas.   

Una tercera guerra mundial lleva tiempo masticándose en las entrañas del odio… que Dios nos coja confesados…

domingo, 8 de noviembre de 2015

Querida vida:


Este escribano de barro te escribe hoy esta carta a pesar de tener los rezos desgastados, los sueños remendados en esperas y el tarro de la esperanza a punto de acabarse.

Llevo algún tiempo juntando letras en un rincón del aire, y hoy voy a coser con mis dedos unos cuantos garabatos de grafías para revelarte un secreto que llevo años queriéndote confesar.

Y no es otro que decirte que de entre todos los tesoros que a lo largo de mi vida he ido acumulando sobre las alforjas de mis recuerdos, el que conforma ella es -sin duda alguna-, el mayor de todos los que tengo.

Allá donde mis silencios se apagan, ella con una mirada los enciende.

Allá donde los miedos se desperezan, ella con una simple sonrisa los ahuyenta.

Allá donde las fuerzas me agotan, ella -con sólo caminar descalza sobre mi piel-, consigue insuflarme alientos.

Ella es el aire que necesito para seguir respirando tras cada puesta de sol, ella es ese abrazo que busco cuando tengo frío, ella es el mejor  remedio para aquellos males que de vez en cuando se visten con lágrimas de impotencias.

Compañera, amiga, confidente,…

Quiso fijarse en mí un día, y desde entonces la felicidad la escribo con la tinta de su nombre,… ese que se resbala por mis labios al despertarme cada mañana,… ese que echa las llaves a mis sueños cuando acomodo mis cansancios a una almohada.

Querida vida, a pesar de que entre tú y yo existen demasiadas batallas perdidas, demasiados nombres ausentes y demasiadas preguntas huérfanas de respuesta, jamás podré agradecerte ese guiño que me pusiste hace años en mi camino; tengo la certeza absoluta de que mis pasos jamás caminaran sólo, que mi soledad a duras penas sobrevive y que mis huellas se anclarán por siempre a las suyas.

Querida locura, cuánto bien me hace tenerte cerca de mí.


domingo, 1 de noviembre de 2015

Seguid subtitulándome...


Las lluvias de hace un par de semanas me han dejado dos piedrecitas en el zapato que hasta que no me descalce de ellas me temo que no podré seguir persiguiendo mis sueños.

Una de ellas hace referencia a los limpiaparabrisas de mi coche; la otra tiene que ver con la estúpida manía que algunos telediarios nacionales tienen de subtitular todo lo que huela a Andalucía.

Lo de los limpiaparabrisas lo hemos solucionado pidiendo prestado el dinero, ya que si no era así no sé cómo podría afrontar un gasto de este tipo; es lo que tiene tener pocas horas de trabajo. 

Pero la solución para lo otro la veo bastante lejana, excepto si nos levantáramos en armas todos los que nos sentimos andaluces no sólo un día al año y defendiéramos nuestra cultura con uñas y dientes.  

Porque vamos a ver, yo hablo exactamente igual, y me expreso exactamente igual que alguien que vive en Salamanca, en Cuenca o en Palencia,… ¿por qué ellos cuando salen hablando por la pequeña pantalla no pasan por la vergüenza de ver sus palabras impresas como nosotros?

Quizás los primeros culpables de todo esto sean los mandamases de nuestro canal autonómico cuando se bajan los pantalones y subtitulan los Carnavales de Cádiz, como si la gente de la Viña cantara en chino mandarín sobre las tablas del Falla.

Y si encima este trabajo lo hicieran bien, no tendríamos que ver cómo unos  puntos suspensivos sustituyen a alguna que otra palabrota o palabra soez. Supongo que de esa forma evitaran herir sensibilidades.  

Cómo me rechinan las tripas cuando me ningunean mi forma de expresarme, cuando el problema del idioma es una bandera a la que otros andan anclándose.   


Pero os digo una cosa: ustedes seguid subtitulándome que cada vez que lo hacéis mi 
forma de hablar entra por los oídos, pero su grandeza entra por los ojos.

domingo, 25 de octubre de 2015

Toda una vida...


Cada tarde buscaban un hueco para ir a remendar silencios por aquel entrañable sendero por donde se dijeron tantas cosas la primera vez que el amanecer les susurró aquello de buenos días.
   
Eran uno chiquillos por aquel entonces, y al traje de la adolescencia le quedaban aun algunas primaveras para abandonar el viejo armario de madera.

En sus sueños de juventud, pintaron estrellas con olor a camisa recién planchada, se robaron besos que se quedaron a dormir sobre el borde de la almohada, y trazaron -una y otra vez-, el perfume de sus miradas para que la pasión no se derramara.

Con las primeras canas se dieron cuenta de que ese amor no tendría fecha de caducidad,… y una tarde llegaron corriendo a casa para quitarle a los lápices la goma de borrar; los dos se pusieron de acuerdo en tachar los fallos y aprender de ellos antes de pasar página.     

No había secreto alguno en esta historia que os cuento.

Confiaron el uno en el otro… y con la eternidad como testigo anillaron sus nombres a una alianza de complicidades.  

A veces el destino tiene estas cosas…

Y cuando esto sucede,… las primaveras se cuelan por las ventanas sin previo aviso, las cicatrices supuran bajo el aliento del otro y el tiempo… el tiempo va descorriendo cumpleaños bajo el cosquilleo de las velas.

Se solapan palabras, se construyen sueños, se recuerdan caídas.

Se dice todo sin tener que decir nada, se busca al otro en medio de la lluvia, se secan lágrimas con el pañuelo de una caricia.

Se es uno donde antes se eran dos, se cierran los ojos cuando el frío cala hasta los huesos y en la piel se van guardando esos secretos de alcoba que se quedan a dormitar sobre los pliegues de las sabanas.


Y es que en esa cabeza apoyada sobre ese hombro va caminando toda una vida… 


domingo, 18 de octubre de 2015

La pasarela azul


Cada vez que paso en coche por debajo de la pasarela peatonal azul del hospital, menos son los tornillos que le quedan a sus entrañas y más feo es el esqueleto que va quedando de ella. 

Es lo que a uno le aguarda cuando se pasa por el taller de chapa y pintura con el objetivo de sanearse, reformarse y adecuarse a estos tiempos que corren.

Supongo que la decisión que se tomó en su día formará parte de la nueva pátina de glamour que nuestros dirigentes le quieren dar a ciertas partes de nuestra ciudad; un ejemplo de ello puede ser el carril bici.

Supongo que este pequeño paso de desmontarla y adecuarla a esa obra interminable de la Nacional-IV será una muestra más para que nuestra ciudad sea más moderna, turística y segura si cabe.

Y supongo -si no éste que por aquí escribe lo sugiere-, que al menos la nueva pasarela tendrá un espacio libre para que los amigos, enemigos o amantes puedan gritar a los cuatros vientos los enlaces matrimoniales más inminentes que a lo largo de la ciudad vamos a ir teniendo.  

A modo de pantalla informativa, como la publicidad en los estadios de futbol o la pantalla de salidas y llegadas que nos encontramos en la estación de Renfe, uno podría saber a qué hora se casa Lucia y Aíran, dónde es el convite de Manu e Isabel, o cual será la canción elegida para el baile de los novios de la Plaza del Cubo.

Si el ayuntamiento quisiera sacar tajada, les regalo la idea, siempre y cuando los beneficios vayan a parar directamente a nuestras arcas municipales; eso sí, en Bodasur tendríamos que poner un stand para darle publicidad.

Sería algo novedoso, puntero y moderno, pero… ¿acaso no es eso lo que se está persiguiendo con todos estos lavados de cara que estamos sufriendo?



domingo, 11 de octubre de 2015

Azul y Blanca


Buceando por la página web del ayuntamiento de nuestra tierra, uno puede observar que en torno a la festividad del patrón -y en torno al puente que nos está brindando-, a lo largo de estos días se ha dispuesto una agenda cultural curiosa, amplia y variada.

Los gestores de la calle Consistorio se han dado cuenta que es más fácil atraer de esta manera al público a nuestra ciudad que venderles el patronazgo de San Dionisio.
Y léanme ustedes estas letras que por una vez, estoy de acuerdo con ellos. 

Mercadillos de diversas índoles, festivales de automovilismo, actividades para los más pequeños; cata magistrales de vino, rutas turísticas para conocer nuestra historia, actuaciones de flamenco en diversos tabancos de la ciudad; exposiciones, conciertos de música medieval, desfiles de modelos;…

Por tener, en la programación se ha incluido una nueva edición del Salón Manga y una Procesión Extraordinaria, maridaje casi perfecto en estos tiempos de fe que corren.

Y es que nuestra ciudad es uno de esos rincones anclados en el sur que tienen una personalidad tan grande y tan genuina, que tan solo con uno de sus amaneceres, es capaz de enamorar no sólo al que nos ve con ojos forasteros, sino a los que tenemos la suerte de vivir cerquita de sus fronteras.  

Pasear por las calles del centro atestadas de gente, de ruido y de vida es lo que esta ciudad de murallas, piedras y plazas nos debería de ofrecer siempre que pueda, y siempre que la dejen poder.

Pero para eso, nos lo tenemos que creer.

Es así de fácil, pero es así de complicado por culpa de este carácter que a veces gastamos los que nos llamamos jerezanos y que a la larga nos hará más daño que otra cosa.


Ojalá que entre todos enarbolemos esa bandera azul y blanca; ¿habrá cosa más bonita en el mundo? 

domingo, 4 de octubre de 2015

Merece la pena...


Me gusta observar en silencio el mundo que me rodea, y desde hace un tiempo a esta parte la mirada que el propio mundo me regala la encuentro triste y resignada; si pudiera romper a llorar, lo haría amargamente como desahogo a lo que el ser humano le está haciendo pasar últimamente.

Porque algo estamos haciendo mal para con nuestros semejantes cuando no somos capaces de soportar los primeros cinco minutos de cualquier telediario.

Corrupción, guerras, maltratos; robos, injusticias, desahucios; jóvenes sin futuro, políticos ineptos, hambre;… 

Pero como aquel que diseñó el mundo fue el mismo que creó a la humanidad, éste supo guardar en algún rinconcito del horizonte un hueco para la solidaridad; y la otra tarde, paseando por la calle Sierpes, me tope de bruces con dicho hueco. 

Mientras este junta-letras paseaba esquivando las sombras de los diversos indigentes por temor a que algo se me pegara, tres jóvenes -envolviendo sus ganas de ayudar a los demás en sonrisas y entusiasmos- se acercaron hasta donde estaba uno de ellos, y tras preguntarle si había comido algo a lo largo del día, le ofrecieron un bocadillo, una botella de agua y un zumo pequeño. 

Uno recibió aquellos tres víveres como manjares sacados del restaurante con más estrellas del firmamento; los otros se fueron felices al llevarse como recuerdo uno de esos agradecimientos escritos bajo la tinta de la humildad. 

Y yo, convidado de piedra ante aquella escena, recibí una nueva guantada sin manos de aquel que mueve mis latidos, mis hilos y mi mundo,… tomando nota de que a pesar de que la humanidad tiende a irse a pique por el sumidero del pesimismo, del egoísmo y la pasividad,… esa pequeña ventana por donde la esperanza y la humanidad se dan la mano sigue estando aun entreabierta.

Dejándome claro que -a pesar de todo-, esta vida sigue mereciendo la pena... 

domingo, 27 de septiembre de 2015

De manera silenciosa...


En un par de días, el mes de los inicios, el de las agendas escolares y el de la vuelta a la rutina será un recuerdo más sobre nuestra piel, pariendo en su último aliento un nuevo otoño por descubrir.

Se trata del mes de septiembre, ese alfa y omega donde tantas cosas mundanas empiezan a escribir su propia historia.

Siempre en boca de todo el mundo, sobre el horizonte de su llegada uno puede leer la caricia de nuevos retos, de nuevos compromisos, de un querer cambiar la actitud para enderezar los renglones torcidos de nuestro día a día.

Y en medio de esa amalgama de días y de esperas, de forrar libros nuevos y de entender que nos vamos haciendo mayores a pesar de nuestro espíritu de niños, por un rendija del calendario se nos coló la festividad de la Patrona, el Día de la Merced, una fecha marcada a fuego con la tinta roja del descanso y en el que un Madre con la cara tiznada de rezos volvió a echarse a la calle para repartir bendiciones con su sola presencia.

Elegante, portentosa, sincera… así pudo encontrarla todo aquel que fuera a su encuentro -este año sin su templete-, dejando un susurro sobre nuestras conciencias para que entre todos evitemos que su casa, la casa de todos los jerezanos, se nos caiga a pedazos.

Yo fui a buscarla en el ocaso de la tarde, cuando el sol se asomaba de puntillas sobre la lejanía sin ganas de despedirse de Ella.

Yo fui a rezarle al pespuntarse sobre el cielo las primeras sombras de la noche.

Yo fui a guiñarle un ojo como señal de que sin el faro de su mirada, mis torpes huellas caminarían a la deriva de las dudas, de las preocupaciones, de las vacilaciones,…

Y Ella me volvió a conquistar, diciéndomelo todo de manera silenciosa…