domingo, 25 de enero de 2015

Primeros espadas

Tengo la sensación de que en algunos aspectos de mi vida es mi propia vida la que se anda burlando de mí, enseñándome cada vez que puede su sombría espalda, haciendo que mis perseguidos sueños sigan retrasando su llegada.  

Andando el tiempo he aprendido no sólo a recorrer mi camino, sino a detener la mirada en mitad del mismo para ver lo positivo que encierra cada pisada marcada.  

Y el fin de semana pasado volví a hacerlo.

Salí de mi zona de confort y asistí al Primer Encuentro provincial sobre Turismo, Cuaresma y Semana Santa celebrado aquí al lado, en el Campus universitario de la Asunción, y por unas cuantas horas volví a sentirme un privilegiado.

En su momento les comenté a los organizadores algunos aspectos que tendrían que hacerse mirar para encuentros venideros, sin acritud y desde el cariño que les tengo a más de uno…

Pero a pesar de los fallos cometidos, es de recibo darle las gracias a la organización de este evento porque -sin pretenderlo y sin buscarlo-, me hicieron feliz por unas horas.  

Y es que escuchar, saludar, ver, oír,… disfrutar en primera fila de la voz, de la presencia, de la experiencia de algunos de los invitados que cumplieron con su compromiso para con el programa dispuesto no está pagado con nada.

Invitados que son primeros espadas de este mundo capirotero de mis carnes que tanto veneno destila a veces por sus adoquines.  

Joaquín Moeckel, José Luis Garrido Bustamante, Fran López de Paz o Paco Yesa conforman en mi particular mundo cofrade una constelación de estrellas de primer nivel, que me dejaron entrever que detrás de su nombre hay una piel que siente como la mía.

La pena es que Jerez fue la gran ausente, perdiéndose una vez más en las humedades que conforman sus fronteras…

Ainsssss… qué será de ti el día que abras los ojos…


domingo, 18 de enero de 2015

Decir adiós... eternamente...





             Si hay una palabra que suene a despedida, esa es la palabra adiós; y si sabes que esa despedida va a ser eterna, ese maldito acento atraviesa tu garganta cada vez que la pronuncias. 

Y yo -por mucho que pase el tiempo-, no me acostumbro a pronunciarla.

Por desgracia ya nos hemos enfrentado alguna vez que otra.  

Se lo que implica decirla, escribirla, pensarla,…  y se todo lo que esa palabra provoca en mi mente cuando se pierde por la comisura de mis labios.  

Figura en mi lista negra de las cosas que le eche en cara a mi Creador cuando ajustemos cuentas allí arriba.  

Decir adiós… eternamente…

Es como el peaje que tenemos que pagar por vivir, por respirar, por amar.

Es la letra pequeña de este contrato que firmamos con la tinta del cordón umbilical que nos une a nuestros padres, a nuestra familia, a las entrañas de nuestra sociedad.  

Su trazo pone fin a toda historia; es la última mirada al abismo de las preguntas; es la certeza de que no somos nada.  

Dices adiós… eternamente,… y nuestra piel es recorrida por aromas con sabor a frío; con terciopelos hilvanados a desiertos; con interrogantes carentes de sentido… 

Dices adiós… eternamente,… y un aire tibio recorre los espejos de la noche, devolviendo sombras que conscientemente queremos ver reflejadas.

Dices adiós… eternamente,… y la ves caminar por los pasillos de la memoria -de puntillas-, llenando el hueco de pisadas que uno nunca más volverá a sentir cerca.

Aceptar esa palabra es hacerte mayor de golpe. Dejar a un lado los juegos de la infancia. Cumplir con los demás y con uno mismo, a sabiendas de que después de escucharla,… ya nada será igual.  

Y para colmo suele presentarse con el traje envuelto en lágrimas, ese surco que despedaza los latidos del alma.

Ojalá tarde un tiempo en volver a pronunciarte…
  

domingo, 11 de enero de 2015

Armas distintas


De lo sucedido días atrás en la redacción del semanario parisino Charlie Hebdo, saco tres conclusiones.

La primera es que el ojo humano está tan viciado de violencia y de barbarie, que quemar a alguien a quemarropa ya no nos asusta como antaño.

La segunda es lo culta que es la gente, pues todo el mundo conocía esta revista francesa y el contenido de sus editoriales.  

Y la tercera - quizás la más importante-, es que la libertad de expresión es una bandera que ondea al viento de los intereses de uno mismo cuando más nos conviene.  

Dios me libre de ser analista político o contertulio sabelotodo, pero desde mi ventana la cosa se ve de manera muy simple.  

Unos periodistas se mofan en sus portadas de Mahoma, y unos cuantos fanáticos musulmanes hacen efectiva su venganza asesinando a todo aquel que se pusiera por delante.

Distintas armas a utilizar en el juego de la democracia.

Cuando yo era pequeño, aprendí rápido con quien podía meterme en el patio del colegio o a quien podía gastarle bromas en mi calle; si yo provocaba al más grande, probablemente el más grande obrara en consecuencia hacia mí.

Pues esto es lo mismo.

En nuestro país de pandereta  y con nuestra religión esto no pasaría ni  de coña, puesto que tenemos tan asumido que debemos de poner la otra mejilla, que si alguien se cachondea de nuestra fe, al final somos nosotros los que pedimos perdón por creer en el Espíritu Santo.

Pero la visión que hacen algunos islamistas de los preceptos de su religión es extrema, sesgada e interesada.   

Que nadie me tilde de hacer apología del terrorismo, puesto que soy libre de pensar así.

Al final, si tú caminas descalzo por el alambre de la libertad de expresión,  puede que al caerte al vacío te haga más daño la ignorancia que el propio suelo.   
   

domingo, 4 de enero de 2015

Cambio de Agenda


                 Siempre que llega el último día del año busco un hueco al caer la tarde para hacer un traspaso de agenda.

Es un ritual sencillo donde hojeo con calma todo lo que han sido mis días, mis proyectos, mis fracasos; es una bonita forma de hacer balance.   

En la agenda que ya camina entre nostalgias hay de todo.

Días finiquitados con una enorme sonrisa… y sonrisas que jamás aparecieron al finiquitar algunos días.

Entre otras cosas, hice realidad el viejo sueño de ver a la Macarena bajo palio, celebré como un condenado el último título conseguido por el Sevilla F.C., y volví a aprobar un examen de Inglés.  

Tras catorce años regresé a sentirme libre montando sobre una bicicleta; bajé a los abismos de la soledad y de los silencios; y navegué sobre las orillas del aire para retener a esa mirada que hace que mis latidos tengan sentido al mirarnos la luna.   

A mis enemigos le he dado motivos más que suficientes para que me sigan odiando; y he sido hasta generoso con ellos, pues he añadido a esa maldita lista un par de nombres vestidos con el traje del orgullo y la soberbia.    

Encontré el pulso necesario para desangrarme en un nuevo pregón. Viví una Semana Santa de ensueño en torno a un micrófono y a un cansancio que bien mereció la pena,… y me demostré que los sueños se alcanzan si se persiguen con constancia, fe y confianza.

Cada semana he ido escribiendo lo que me ha salido del alma… y he encontrado entre los espacios de mis pensamientos el suspiro de decenas de personas que me han hecho un hueco -en sus tiempos- para leerme.

Pero también he llorado. De manera callada, desgarrada y herida; aún guardo el aroma de algunas lágrimas que saben a ausencias y recuerdos.


2014… Gracias por todo lo vivido, y hasta siempre.