domingo, 28 de junio de 2015

Café... y Alehop




Se levantó una mañana, se tomó un café, oteó el horizonte de la espera y se dio cuenta de que era el momento apropiado de salir de los cuarteles de invierno en los que andaba recluido.

Él mismo cuenta que llevaba días con el estómago entripado, sintiendo cosas que creía que estaban muertas, y aceptando que esa llave que una vez le echó al mar estaba abriendo una cerradura que seguía hilvanada a su nombre. 

No hace faltar decir que se trata del último romano del barrio Santa María, del niño criado bajo las faldas de la calle Goleta, del motivo por el que don Carnal ansía nervioso la llegada de un nuevo febrero.

Pero por si hubiera algún despistado en la sala, simplemente diré su nombre: Antonio Martínez Ares, el culpable de que por sus letras yo entienda algunos renglones de la vida.

Porque por su culpa yo he sido pirata, templario, buhonero,… Si Antonio, buhonero también, porque de los errores hay que sacar algún aprendizaje.

Porque por su culpa yo he soñado con los vientos de Cádiz, y cada vez que cruzo el Puente Carranza, cierro los ojos para dejarme atrapar por la magia de esa luz de caramelo.

Y porque por su culpa, las tres mujeres de mi vida canturrean carnaval por lo bajini haciéndome el hombre más feliz de la tierra.

Creí que nunca más volverías a enfundarte en un compás de 3x4 para contarme cositas de carnaval; incluso hubo un tiempo en el que pensé que eras demasiado cobarde como para sangrar piropos a la ciudad que te vio nacer.

Pero has decidido volver  -con todas tus circunstancias-, y desde ese día el que tiene el entripado soy yo, deseando escucharte.

Señoras, señores… brindemos por el regreso del genio, de nuestro Niño, del eterno Peter Pan de Cádiz -por siempre jamás-.


Bendito café, Antonio… Bendito café.

domingo, 21 de junio de 2015

Deberes en verano

Parece ser que cuando uno se saca el carnet de maestro firma una cláusula en alguna parte en la que deja constancia que al llegar las vacaciones de verano -junto a las notas-, se compromete a adjuntar una serie de recomendaciones para que sus alumnos hagan deberes en verano.

Una manera de contentar a los padres, seguid enriqueciendo el bolsillo de las editoriales y fastidiar a los alumnos.

Por mi experiencia en las aulas ese trabajo que se tiende a realizar cuando no hay hora marcada para levantarse y vamos a todas partes en chanclas no sirve para absolutamente nada, como tantas otras chorradas educativas.

Y hete aquí que este pensamiento que vaga por mi cabeza es compartido por un profesor de secundaria de Italia -Cesare Cata-, que en vez de proponer una lista aburrida y tediosa de tareas ha elaborado una serie de premisas  donde la lógica y la humanidad se dan la mano.

Veo al menos que no estoy sólo en esta cruzada.

Este valiente les pide a sus alumnos que sean felices, que escuchen a sus sentimientos, que se dejen llevar por la música,… pero sobre todo, les invita a que lean.

¿Habrá mejor consejo que perderse entre los silencios de una buena lectura, sentirse el protagonista de mil historias y tened armas para rebelarse contra el mundo?  

Cada maestrillo tiene su librillo, pero a ver si los de mi gremio se enteran que al igual que ellos necesitan desconectar de la rutina de las pizarras, de las entrevistas de padres, de las evaluaciones,… los niños necesitan sentirse como niños, actuad como niños, ser niños… y respirar, sonreír, vivir sin las ataduras de un sistema educativo anclado en el tiempo y que -queramos o no queramos-, están haciendo que los alumnos de hoy en día sean simples marionetas.

Leed, que las lecturas sí que son para el verano.


domingo, 14 de junio de 2015

Mi amigo Iván


La otra tarde mi amigo Iván me comentó que últimamente cada vez que se pasaba por este rincón de letras y silencios el susurro de mis palabras le llegaban a sus oídos de manera algo tristona.

Agradecido por su sinceridad y esquivando en un primer momento sus enumeradas razones, tuve que asumir finalmente que yo nunca he sido la alegría de la huerta.

Y pensando en lo que me dijo, me he dado cuenta de que en cada artículo que ando firmando voy dejando una parte escrita de mi alma. 

De esta forma, podría aprovechar este altavoz semanal para ajustar cuentas con los políticos que me gobiernan, con la crisis que me avergüenza, con la Pantoja,… pero seamos serios y dejemos esta labor social a esos contertulios profesionales que de todo saben y de todo entienden.

Por eso yo hablo de lo que de verdad me preocupa, de lo que conforma mí día a día, de lo que no me deja dormir por las noches.

Así, a mí me preocupa no encontrar el trabajo que me permita salir del boquete en el que vivo, reunir el dinero suficiente para pagar el seguro del coche, darle la vida que se merece el aire que llena mis pulmones.    

Así, me preocupa ver cómo me estoy haciendo mayor, qué tengo en la nevera para cenar y de dónde saco las fuerzas -y el dinero-, para presentarme a mi dichoso examen del B2, necesario en estos momentos hasta para comprar el pan.

Y me preocupan los míos, mis amigos, mis enemigos; los que están cerca, los que están lejos, los que me perdieron; los que me quedan, los que me odian, los que me pisotean;…

Amigo Iván, llevas toda la razón, pero no se te olvide nunca que yo soy un simple junta-letras de carne y hueso, incapaz de disimular, ante un folio en blanco.


jueves, 11 de junio de 2015

¿Seré yo, Maestro?

Una vez que la Festividad del Corpus es un mero tachón sobre el calendario de mi escritorio, las dudas sobre si soy o no soy un buen cristiano deambulan de nuevo por mi mente.

Y es que en el metraje de la película de mi vida, en estos momentos mis pies están detenidos entre claroscuros y ciénagas que me andan presionando el alma, y con cada amanecida dudo si seguir creyendo en ese Dios que me tiene prometido su Reino... o en ese Dios que patina su Pasión entre maderas e inciensos.

Supongo que a esto que me está pasando se refieren algunos como “crisis de fe”, pero es el reverso de llevar latidos y piel de ser humano, sobre todo cuando hay facturas que pagar, sueños que tardan en llegar, despedidas que vienen con demasiadas urgencias,…

Una vez me enseñaron que la grandeza de las cosas reside en la sencillez de las mismas,… y mi Dios se hace grande en la sencillez de sus cosas.

Por eso, no me siento con fuerzas de volverle la cara a mi Creador; le sigo rezando entre dientes antes de llamar al sueño, me persigno cuando paso por delante de un azulejo con su rostro, y cuando voy a misa comulgo, aunque lo hago como la mayoría de mis hermanos, sin antes pasarme por un confesionario a enumerar mis pecados.

Quizás Él no tiene la culpa de que yo sea incapaz de encontrar un trabajo o de que llevo meses con la tristeza en los bolsillos, pero a veces estaría bien que desde allá arriba me mandara un guiño -sólo uno-, porque no soy ni la mitad de lo que puede ser.

Quizás lo que me ocurre es que el Dios al que tengo que rezarle no se encuentra en estos momentos dentro del mundo capirotero y casposo en el que a veces me muevo guardando silencios, intentando hacerme un hueco a pesar de las zancadillas que cada dos por tres me regalan los que dicen estar a mi lado.

O quizás es que como hombre de barro que soy, mis carnes no den para más, y ajusto cuentas con un Dios al que visito cada lunes envuelto en peticiones,… pocas veces en agradecimientos.

Recuerden, la grandeza de las cosas reside en la sencillez de las mismas…

Pero hay cosa sencillas que algunos se empeñan en complicarlas, y desde hace un tiempo, su Palabra no me retumba, su Mensaje no me llega, y su Perdón no me desmonta.

Y yo me pregunto: ¿y si la culpa no es sólo mía?

¿Y si el dueño de la Palabra no es capaz de hablarme de manera clara?

¿Y si el Mensaje se sigue guardando entre arcones y pestillos oxidados y no le está dando el aire de estos nuevos tiempos?

¿Y si el que me tiene que llevar de la mano no me tiende su mano porque no sabe a dónde tiene que guiarme?

Maestro, déjame que te siga como hasta ahora lo he hecho, hincando mi rodilla en tierra a pesar de las dudas, las traiciones y las negaciones, pero recuerda una cosa, allá donde unos cuantos se reúnen en tu nombre, grandeza se hace presente… 

Quizás sea el momento de que se lo hagas entender a aquellos que no te quieren de la forma tan sencilla como te quiero yo.  

domingo, 7 de junio de 2015

Peter Pan... El Musical


Rebuscando entre mis recuerdos de junio,  hubo una vez una tarde en la que Peter Pan y Campanilla salieron del País de Nunca Jamás para llenar con su magia un trocito de mi vida.

Bueno, no solo de mi vida, estoy seguro que de la vida de más de cien personas que confiaron ciegamente en la locura de un grupo de monitores que pelearon contra viento y marea para hacer las cosas con el corazón: ni la lluvia pudo aquel día con nosotros.

Fueron meses de trabajo -de mucho trabajo-, pero se consiguió montar el mejor Musical que se ha visto en esta ciudad jamás; el que crea que soy pretencioso, que me pida el DVD que grabamos y que aprenda a hacer las cosas.  

Recuerdo como si fuera ayer aquellos disfraces esperando en las aulas de infantil a que sus protagonistas le dieran vida.

Recuerdo las caras envueltas en nervios de esos mismos protagonistas -más de noventa niños- cada vez que se les llamaba para que pasaran por maquillaje, por peluquería,… y se la daban las últimas indicaciones. 

Y recuerdo aquellas lágrimas que todos en el salón de actos tuvimos que secarnos cuando quedaban menos de cinco minutos para abrir telón y un cosquilleo de ilusiones recorrían nuestras piernas, nuestra voz, nuestras manos,…   

Así que -siete años después-, dejadme que desde aquí os vuelva a dar las gracias a todos los que hicisteis realidad ese Musical de ensueño: desde las madres costureras hasta el grupo de tramoyistas; desde el encargado del sonido hasta el pintor de los telones; desde el que nos prestó la voz en Canal Sur hasta el que quiso participar aunque le daba vergüenza actuar; y al fotógrafo, al de la puerta, al de la barra;…


Aquella tarde, vimos el mundo desde la habitación de Wendy… y Peter Pan se quedó en nosotros por Siempre Jamás.