domingo, 26 de julio de 2015

Bajo el sol


             Que verdad más precisa es aquella que dice que el ser humano es esa especie que habita esta adorada tierra que no está conforme con nada de lo que tiene a su alcance, ya sea producto de su esfuerzo, ya sea por un golpe de suerte.

Cuando somos presos del calor -como nos sucede en estos días-, añoramos los fríos del invierno,… y cuando lleguen esos fríos, extrañaremos estas noches de desvelos y paseítos con helado.

Y una de estas personas que más a disgusto está con la situación que le está tocando vivir en estos amaneceres del mes de julio es una vecina de mi peculiar barriada, puesto que el trabajo que están llevando a cabo los obreros del carril bici a primera hora de la mañana la tienen… por así decirlo… algo disgustada.

Ella no comprende cómo esas personas -que lo único que hacen es ganarse su pan con el sudor de su frente-, tienen que dar martillazos a las ocho de la mañana… hora a la que precisamente ella abre la puerta de su casa para recoger sus agotadas piernas.

Se la escucha gritar -por ahora con educación por las redes sociales-, su malestar general con la vida y con el entorno que la rodea,… pensando que esos pobres albañiles tomaran conciencia de sus gritos exasperados y subirán a su dormitorio a cantarle una nana.

Pero lo mejor de esta cruzada mañanera es la empatía que está provocando  su situación en personas que están sufriendo algo similar; personas que en su puñetera vida han doblado el espinazo y que nacieron con el latido de la queja cosido bajo el brazo.


En fin… serán estas olas de calor las culpables de todo esto,… pero si nos detuviéramos a valorar la suerte que tenemos los que no tenemos que trabajar bajo el sol… otro gallo nos cantaría al irnos a descansar. 

domingo, 19 de julio de 2015

Asquerosa prepotencia




Decía Miguel Delibes que “para el que no entiende nada, la política es una tentación comprensible, porque es una manera de vivir con bastante facilidad.”

Y los políticos que moran tras las fronteras de mi ciudad viven acomodados a su forma de vivir de manera incomprensible.

La reflexión de hoy viene tras ver el esperpento del último pleno municipal, donde los actores han intercambiado los papeles a representar,… aunque entre todos siguen representando la misma farsa de siempre.

Malas caras, malas contestaciones, malos hábitos a la hora de gobernar; y sobre todo, mucha prepotencia,… demasiada prepotencia.

Y en este punto incluyo a todos… absolutamente a todos, ya sean de derechas o de izquierdas, ya vivan alejados o en pleno centro: en este aspecto son todos exactamente iguales.

Me gustaría decirles a mis gobernantes más cercanos que si se quieren despellejar vivos entre ellos, háganlo de puertas para adentro; por delante os quedan muchos meses de mandato para sacar a flote esta ciudad de la tristeza en la que nada, y esa debería de ser vuestra principal preocupación.

Olvídense de quitar la palabra, pisotearse o despreciar al que está sentado al lado; ajustando cuentas pendientes las colas del INEM y la de CARITAS no van a descender de la noche a la mañana. 

Políticos de mi ciudad: sean ustedes profesionales, gánense el sueldo y muérdanse la lengua,… como cualquier trabajador ha tenido que hacer alguna que otra vez para no perder su puesto de trabajo.

Y la prepotencia con la que habláis, la facilidad con la que perdéis la memoria, y las vendettas personales que entre risas vais tejiendo cada día… ir dejándola a un lado.

El pueblo quiere gobernantes que aprieten los dientes y luchen por los que estamos aquí,… no que nos muerdan con humillaciones, descalificaciones y faltas de respeto.

Maestro Delibes, con lo feliz que yo era cuando no entendía nada…  

domingo, 12 de julio de 2015

Tardes de Tour


Con los primeros compases del mes de julio,  las retransmisiones del Tour de Francia piden permiso para colarse en el salón de casa para disfrute de los amantes de las dos ruedas, aun a sabiendas que de la mano de cientos de castillos y paisajes deslumbrantes se encuentra agazapada la peor de nuestras enemigas: la siesta.

Sobre todo cuando las etapas son de más de doscientos kilómetros, en el perfil no hay ninguna cota de montaña y la llegada se va a producir al sprint.

A veces me pongo a pensar si habrá un maridaje más perfecto que ver a esos hombres esquivando rotondas y caídas, mientras que uno está reposando la comida, con el siseo de un ventilador aliviando las calores, los pies descalzos besando el suelo,… y esperamos el momento oportuno para levantarnos y regalarnos a nosotros mismos un buen trozo de helado.

No sé desde cuando me gusta este deporte que tiene en la ronda gala la mayor de las perfecciones organizativas y estéticas,… pero sé que por seguir la machada de ese pelotón de locos me he perdido muchas horas de piscina, de descanso, de lecturas,…

Y es que mirándolo por donde se mire, lo que hacen estos hombres de suspiros y barros es una auténtica brutalidad, ya que día tras día  -con el único motor de sus piernas y su mente-, son capaces de llevar sus cuerpos a límites insospechados, con el único objetivo de alcanzar la gloria o evitar dejar su nombre escrito sobre el asfalto de alguna cuneta.

Dejando a un lado el veneno del doping -que haberlo, probablemente lo haya-, la emoción, la tensión, el espectáculo que estos deportistas nos brindan cada tarde es digno de aplaudir.

Quédense con la constancia, la voluntad, el coraje que hay tras cada pedalada de esa serpiente multicolor,… y disfruten.  

Tour de Francia… que bonito nombre tienes.  


sábado, 4 de julio de 2015

Malditos miedos.


        El miedo es la respuesta natural del ser humano ante una sensación de angustia provocada por la presencia de un peligro real o imaginario; una sensación desagradable que atraviesa nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestra alma.

Y en estos días -viendo el panorama que nos rodea-, uno siente al miedo corretear a sus anchas por nuestras venas.

Te asomas al exterior, y da miedo pensar que lo que está sucediendo en la cuna de la democracia en un par de semanas no estará sucediendo en nuestras calles.

Pero es que miras hacia dentro, y ves a una clase política embadurnada en corrupciones, a una sociedad anestesiada, a unos convecinos barriendo para dentro,… y el miedo tiende a expandirse por nuestra piel.   

Cada uno tiene en sus alforjas un listado de miedos que no nos dejan respirar este aire viciado que nos consume por las noches.

Por ejemplo, yo tengo miedo a que una bandera ondee al viento cargada de ira, de repulsa, de miradas cargadas de odio,… dejando el orgullo de su tintada anclado al mástil de la libertad.

Tengo miedo a esos que amparándose en la libertad de expresión se crean con el derecho a insultar, a vejar, a pisotear mis creencias mientras que yo guardo silencio, me araño pa arriba y pongo una y otra vez la otra mejilla.

Y tengo miedo a la incultura de las dos, tres y hasta cuatro generaciones que vienen detrás de mí; son borregos adiestrados a las redes sociales, incapaces de ver más allá de sus muros y sus tendencias.

Tengo miedo a saber más de lo que sé; a perder lo poquito que tengo si sigo juntando letras; a perder los motivos para seguir luchando cada día; miedo a no ver más un atardecer, a no poder llorar de emoción, a entender que la vida es un regalo sin envolver;…

Malditos miedos… ¡dejadme vivir!