domingo, 26 de junio de 2016

No somos héroes..


Desayunaba la otra mañana junto a un grupo de madres con las notas de sus hijos bajo el brazo y le dieron un soberano repaso a todo aquel que se dedica al noble oficio de enseñar.

Días después no cambio ni una coma de los distintos discursos que allí escuché porque recibí una auténtica lección de humildad.

Y es que verán ustedes, yo soy maestro y defiendo mi oficio  a capa y espada allá donde haga falta, pero admito que para llevarlo a cabo muchos nos envolvemos con la tiza de las excusas.

Me sobran dedos de una mano para reconocer a compañeros que admiten sus errores a la hora de trasmitir conocimientos y que confiesan que su labor es mucho más que ponerse delante de una pizarra y enseñar las letras del abecedario o el concepto de fracción.

Pero es que el maestro nace, no se hace.

Y el título que te dan en la Facultad de Ciencias de la Educación no sirve de nada si uno mira a sus alumnos con prepotencia en las clases; si vende a compañeros en un despacho de dirección en busca de un mejor puesto de trabajo; o si no se dan cuenta de que los padres y madres no son el enemigo a batir en este sendero de rosas y espinas.

Detesto la desidia y el acomodamiento de muchos de los míos que no son capaces de entender que la educación es un lienzo que se pinta cada día con lápices de colores.    

Detenerse en el camino y analizar los fallos de nuestro oficio nos hará mejores profesionales; reconocer nuestros fallos y admitir que no somos perfectos nos hará mejores personas.


Queridos compañeros: Compartamos. Aprendamos. Disfrutemos al tender nuestras manos y sintamos la felicidad de ver crecer la vida a nuestro alrededor recordando cada día que no somos héroes, sólo somos maestros.

domingo, 12 de junio de 2016

Una amistad.. teatral


Alguna vez que otra he confesado que una de mis grandes pasiones es el teatro, amándolo hasta el punto que hace unos años me prometí que jamás volvería a caer en las trampas de su escenario.

Es lo que tiene ser un cabezota tiquismiquis; es lo que tiene amar como yo amo.

Pero el destino sabe pintar de colores la tarde más triste, secar la lágrima más amarga o confesar el secreto más oculto cuando por la vereda de las miradas alguien te tiende su mano y sin hacer ruido te embauca en un proyecto teatral de niños y para niños.

Y así, entre prisas y recelos surgió la escritura de un guion entrelazando cuentos infantiles, ensayos a la hora del recreo y la ilusión y la sonrisa de unos alumnos a los que todos deberíamos de darle más cariño del que le damos porque el corazón de cada uno de ellos es más grande que todos nuestros latidos juntos.

Y así, se perdió el miedo a hablar en público, se han tejido unos recuerdos imborrables y se ha demostrado que el mundo es de aquellos que lo sueñan bajo el cristal de los imposibles.

Y así, sin que uno sepa muy bien el porqué, surgió una de esas amistades con las que uno cuenta en mitad de la noche para gritar y ser escuchado.

Sé que no quieres que el mundo sepa tu nombre, pero las cinco letras que lo conforman envuelven la piel de una de esas personas que al respirar trasminan sinceridad, confianza, entrega y humanidad a partes iguales.

Jamás podre agradecerte que estés ahí y que me hayas devuelto la ilusión por dirigir y actuar; que sepas que nuestro colegio y nuestros alumnos te echaran también mucho de menos  

Y recuerda: “fue el tiempo que pasaste con tu rosa la que la hizo importante”.

Gracias por todo. 

domingo, 5 de junio de 2016

Confía en mí...



Querido corazón:

Sé que llevas unas cuantas semanas hecho un despojo. No eres ni la sombra de lo que tus latidos una vez marcaron, y ya no sabes qué decir, qué pensar, cómo actuar.

Andas masticando tristezas por las esquinas, fuerzas una sonrisa cuando en realidad quisieras vomitar lágrimas de sangre y te envuelves en arrullos de soledad cuando tus huellas se pierden entre la multitud.

Llevo días mirándote a escondidas, y te juro que no te reconozco.

Siento tu pena como si fuese mía y se me parte el alma en dos cuando te buscas y no te encuentras en los espejos de tu pasado.

Llevas el paso cambiado y has perdido el brillo de tu sonrisa.

Pero léeme bien: confía en mí.

No se cómo lo haré, ni cuánto tiempo tardaré en recuperarte, pero tiraré de ti y de tus costuras como nadie lo hizo antes.

Para ello nos refugiaremos en nuestros silencios, en nuestros sueños, en nuestro pequeño rincón del mundo, ese que tiene las paredes barnizadas en humedades y al que tú llamas casa.

Nos rodearemos de gente que nos haga la vida más fácil y evitaremos a esos “amigos” tuyos que no tienen ni puta idea de cómo estás conciliando el sueño cada vez que le echas la llave a la madrugada.

Nos perderemos en tus pregones de Semana Santa, en tu Cádiz y su carnaval, en tu inquebrantable fe; en tus pachangas de los lunes, en paseos por la orilla de la playa, en tus rezos a la Esperanza; en confidencias al caer la tarde, en la mirada de la niña de tus ojos, en el hilo que volverá a pespuntear de ilusiones tu confianza.    

Si necesitas dejar que la voz se quede muda por un tiempo, hazlo.

Si crees que tienes que dejar a un lado el mundo, detente en una de sus orillas.

Si lo que ves a tu alrededor no te gusta, desanda el camino y persigue un horizonte que te haga realmente feliz.

Compañero, sólo tenemos esta vida y ya va siendo hora de vivirla...

Ya va siendo hora de escribir hasta que te sangren los dedos...

Ya va siendo hora de respirar por ti primero y luego ya si acaso por todos tus compañeros...

Y una última cosita: no te aferres a nada, ni siquiera a ese imposible que anda repleto de miedos y de dudas; tranquilo, algún día romperá con ellos y se arriesgará a ser feliz atando sus besos a tu cintura.    

Querido corazón, te prometo que me dejaré la vida para que juntos salgamos de esta.                                      
                                                                                             Firmado.

                                                                                      Tu piel