domingo, 31 de julio de 2016

Tengo ganas de Ti...



            Sueles aparecer rondando los cierros de mi mente cuando menos me lo espero; y lo haces de manera callada, sin aspavientos, sin adornos, sin aparejos que me distraigan de tu nombre.

A estas alturas de nuestras vidas, ambos conocemos el eco de nuestras zancadas, y ambos necesitamos oírlo de vez en cuando para saber que no estamos tan distanciados el uno del otro.

Y esta vez has sido quien has aparecido por el zaguán de mis impotencias; y al verte -en una simple fotografía-, me he dado cuenta de que tengo ganas de Ti.  

Y es que tengo ganas de coger un bolígrafo de tinta roja y remarcar en los calendarios que bordean mis días cuándo sales a la calle, cuándo te podré besar la mano, cuándo podremos quedarnos a solas para dejar guardada de una vez por todas la bandera blanca de mis derrotas en el altillo de los vacíos.

Tengo ganas de que el sol del invierno se cuele por mi piel cuando vaya a buscarte por los callejones donde los hombres se buscan a sí mismos cuando hablan de Ti entre fajas y relevos.  

Tengo ganas de perderme en tus ojos, porque es en ellos donde me encuentro cuando me pierdo.

Tengo ganas de que me pongas en aprietos, y que el silencio sea el testigo de lo que a solas te vaya diciendo.

Tengo ganas de ir a tu encuentro, y que el pulso de tus latidos se derrame por mis adentros.

Tengo ganas de saber de Ti, de sentirte delante de una bulla, de dejar que la noche corretee detrás del sueño y de ver cómo la luna descose todas las promesas que los dos guardamos en un cajón del olvido.

Tengo ganas de llegar a casa con olor a cansancios, con el aroma de tus pisadas solapadas a las huellas de mis zapatos, con cientos de recuerdos anclados a las volutas que el incienso no pudo dejar impregnado en mí.

Tengo ganas de verte y de perder el sentido del tiempo cuando un costero te lleva y te trae por los adoquines de los suspiros.

Tengo ganas de hablar de lo que me provocas, de tiznar tu mirada con besos robados al atardecer, de decirte que aquí estoy un año más delante de Ti porque tú sigues empeñado en que siga persiguiendo el sueño de vivir a tu lado.

Tengo ganas de ser lo que quieras que sea.

Tengo ganas de llorarte, de extrañarte, de rebuscarte en mis cicatrices y de entregarme a Ti en cuerpo y alma.

Tengo ganas de partir en dos ese trozo de papel donde cada día escribo la quimera imposible de mis ilusiones.

Tengo ganas de enterrar mis miedos, de sacudir las cenizas de mis escombros, de otear el horizonte que me espera tras cada amanecer y te siento cerca; que sepas que Tu mirada sigue siendo la primera que me cruzo cuando abandono mis sábanas.

Tengo ganas de que mis problemas sean finiquitados con un guiño de esos que y yo sólo sabemos leer y que encierra la palabra gracias firmada con escalofríos de dudas y esperanzas.

Tengo ganas de enseñarte mis nuevas costuras, y de decirte que todavía tengo unas cuantas que no soy capaz de coser con el hilo de los descuidos.

Tengo ganas de decirte al oído que sigo siendo de barro, y que me gusta sentir tus latidos crepitar bajo el fuego de la madrugada.

Tengo ganas de abandonar este infierno, de secar las lágrimas que en soledad lloro a escondidas, de reír a carcajadas sin sentirme culpable al respirar pinceladas de felicidad.


Y sobre todo, tengo ganas -muchas ganas-, de Ti.

domingo, 24 de julio de 2016

Santiago


         Desde hace unos cuantos días la ciudad de Jerez ha vuelto a recuperar parte de esa sonrisa de pellizco que se le dibuja a su gente cuando el sol comienza a pasearse por las calles de nuestras fronteras.    

Es una sonrisa única y que tiene un aroma inimitable que la hace totalmente diferente cada día.

Y la culpa de esta pincelada de felicidad la tiene la reapertura de la Iglesia de Santiago del Real y del Refugio, tras más de una década cerrada a cal y canto.

Y es que Santiago -la Iglesia de Santiago-, no es una Iglesia más que se sortean por el entramado de adoquines de nuestra ciudad, ya que este edificio es el epicentro de uno de los dos corazones que tenemos en Jerez.  

Porque Jerez de la Frontera tiene dos corazones que jalonan de su arte, de su magia, de su flamenco… y uno de ellos se esconde en  Santiago, con todo lo que eso significa para este rincón del sur y para orgullo y envidia del mundo.

Pero ahora que lo tenemos abierto para alegría de propios y extraños es cuando tenemos que aprender a cuidar de él y a no ser ilusos con su uso y disfrute.

Si nos quedamos en la pátina de belleza que le han dado a las piedras góticas gracias a la voluntad del dinero, dejaremos a un lado lo verdaderamente importante que no es otra cosa que el abrir la cerradura y los pasillos de un soberbio edificio cuya única finalidad es rendir culto a Dios.  

No hay más.

No busquen más.

No se queden en más nada.

Qué curioso resulta que ahora que el mundo reniega y pisotea el nombre de Dios, la Iglesia de Santiago desate de nuevo sus manos, descorra los recuerdos y comience a hilvanar las heridas de un barrio tocado de muerte.
Santiago, gracias por volver.

domingo, 10 de julio de 2016

Pinceladas de felicidad...


         Si en estos días nos detenemos por un momento en ver cómo camina el mundo, probablemente acabemos enrabietados y con ganas de detenernos en la siguiente estación.

Es lo que tiene tener tantas ventanas cuyos reflejos se pierden en el atardecer de los demás.

Pero como el hacedor que mueve nuestros hilos supo de este pequeño contraste, para solventar ese pequeño error nos puso el corazón de los amigos al alcance de nuestras miradas, y el de mi amigo Lolo es de esos corazones que palpitan entre risas y silencios.

A su manera -y con sus cabreos los cuales me hacen más daño a mí que a él-, me está enseñando que la vida es un vaivén de momentos, un carrusel de confesiones y una pincelada de felicidad que hay que saber trazar bajo el compás de las horas.

Así, mi felicidad se encuentra hoy por hoy en un paseo por la orilla de la playa cuando el mar se está sacudiendo la sal de sus heridas; si estás leyendo esto, te espero una tarde.

En una charla con personas cuyos ojos asienten con cada una de mis palabras y sufren con cada una de mis lágrimas.

En un simple mensaje de buenos días; en una canción compartida entre gritos; en que alguien confíe en ti cuando ni siquiera tu soledad lo hace por ti y esa persona no sabe siquiera de qué color son tus ojos.   

La felicidad es un instante que pretendemos que sea eterno, como esos suspiros que entrecortados salen de nosotros cuando tenemos imposibles cosidos a la palma de los sueños.

La felicidad es un abrazo que recibes sin venir a cuento.

La felicidad es pretender que la vida se congele justo cuando alguien te susurra te quiero.

Pinceladas de felicidad…


Persíguelas. Son las únicas pinceladas que podrán darle color al gris de tu día a día.