domingo, 27 de noviembre de 2016

Es otra cosa...


     Los que me conocen saben que suelo tomarme las cosas con calma y con cierta distancia. Que me gusta guardar silencios y que me gusta detener la mirada en aquellas sombras que de verdad reflejan cosas importantes.
                                                                   
Cada uno es como es y se expresa como puede o debe, y de un tiempo a esta parte he dejado de meterme en batallas que se juegan en otras fronteras y bajo otros cielos porque siento que la vida es otra cosa.

La vida es un regalo que alguien nos entregó, pero que a veces se envenena por compañeros de trabajo, por amistades a las que no les importamos, por preguntas que se quedan huérfanas de respuestas.

La vida es hacer encajes de bolillos para llegar a fin de mes, es ponerle al tiempo buena cara, es disimular y tragarse el orgullo para no hacer daño a la gente que nos rodea.

La vida es cabrearse con uno mismo, es cabrearse con los demás, es cabrearse con el mundo.

La vida es preocuparse por alguien que siente que una respuesta médica le va a acortar sus días de vida; la vida es sentirse impotente cuando alguien a quien quieres te confiesa en un coche bajo la lluvia que “para vivir así, mejor acabar con esta pesadilla”; la vida es sentirse solo cuando cierras la puerta de tu casa y ni si quiera eres capaz de escuchar el eco de tu respiración.

No te engañes y abre los ojos, porque la vida no son los me gusta de Facebook, las frases lapidarias de Instagram o los iconos de  colores del WhatsApp.

La vida es llorar, gritar, perdonar; reír, compartir, callar; caminar, tropezarse, descalzarse; fracasar, levantarse, enamorarse; soñar, cambiar, evolucionar; bailar, cantar, desesperarse;…

En ti está conjugar el verbo adecuado cada día para que tu vida sea vivida.


¿Ves cómo la vida es otra cosa?

domingo, 13 de noviembre de 2016

¡¡Leer más!!


Hace unos días, un grupo de profesores pusimos sobre la mesa un problema que nos preocupa mucho más que la huelga de deberes que la asociación mayoritaria de padres y madres están promoviendo para los fines de semana del mes de noviembre.

Y no es otro que la cantidad de faltas de ortografía que el alumnado presenta cuando llegan a la etapa de secundaria, junto a esa capacidad pobre y triste de expresarse que manifiestan.

De la huelga sólo diré que los padres son soberanos a la hora de educar a sus hijos; ya se arrepentirán.

Pero de lo otro si puedo decir algo.

Y es que esas faltas de ortografía vienen dadas por algo tan simple como es que los alumnos no leen.

Antes, te acercabas por los pasillos de cualquier hipermercado, y en la sección de libros habría tres o cuatro niños leyendo en el suelo mientras sus padres hacían la compra.

Ahora, si ves a uno libro en mano, es una raya en el agua.

Preocupémonos de este detalle que es fundamental a la hora de formar, enseñar y educar a personas.

No le echen las culpas al sistema educativo, al tutor de turno o al grupo de “whatsap” de los padres; cuidemos este hábito que se antoja fundamental para vivir otras vidas, para aprender de otros, para saber de dónde venimos y hacia dónde vamos.

Saber leer es esencial para la adquisición y la trasmisión del conocimiento en nuestra vida cotidiana, pero también en el mundo académico.

Si de verdad quieren ayudar a sus hijos, lean con ellos, cómprenles libros, hagan que amen el mundo de las letras, pues a medida que se va avanzando en el itinerario académico el nivel de exigencia será mayor, lo que demandará una mayor destreza lectora y escrita.

Si de verdad les duele sus hijos, curen sus faltas de ortografía mediante la lectura.